Era el noviembre de 2020 cuando todo cambió.
Il mundo como lo conocíamos ya había sufrido
un sacudón potente, solo unos pocos meses antes, de hecho el Covid se había difundido por todo el globo terrestre cambiando estructuras
sociales y culturales, como bien sabemos, transformando radicalmente nuestra
sociedad de maneras que todavía hoy están reverberando ante nuestros ojos.
Ma la revolución de la que hablamos
nosotros ha sido menos problemática y, por fortuna, concierne a un mundo libre de miedos
tan aterradores: la llegada de la PlayStation
5 nos entregó a todos nosotros, obligados a vivir entre cuatro paredes sin poder
salir, la vía de escape por excelencia: la del videojuego. Estandarte por
antonomasia de la novena generación de
consolas en el mercado, la Ps5 desde sus albores estuvo marcada por los problemas que todos
conocemos, desde la logística hasta la escasez de chips y materias primas para
ensamblarla, escenarios que, pensándolo bien, parecían más distópicos que Mad Max y la
escasez de gasolina. No obstante, con su diseño futurista y las
especificaciones técnicas capaces de hacer palidecer todo aquello que había sido visto, y
jugado, hasta ese momento en nuestras pantallas, la nueva llegada de la casa Sony
se agotó rápidamente, no nos ocultemos tras un dedo.
Rispettando la tradición
novembrina, Sony ha distribuido finalmente en 2024 su última versión de la
consola: desde el 7 de noviembre la Ps5 Pro ha llegado a las estanterías de
las tiendas y las polémicas han surgido enseguida, de la mano de las
múltiples expectativas, ambas legítimas. Privada del lector óptico integrado
(por desgracia), presume de la presencia del ray
tracing avanzado y de una calidad general que promete maravillas, y
puesto que la gran mayoría de títulos de última generación está
orientada a la exploración de mundo abierto, se entiende el alcance de la estrategia
de Sony, dirigida a devolver, también mediante remastered
y reboot, a los jugadores a tierras inmensas de corte distópico, fantástico o
de acción.
Esquivando el mero contexto
comercial que nos ve, hablo de nosotros usuarios y consumidores, literalmente
saturados de continuas propuestas y reeditados de consolas salidas hace años en
versiones más o menos distintas, queda claro cuánto la operación de Sony por un
lado quiere tapar las lagunas que
inevitablemente han creado problemas a la “prime” PS5, por otro lado se deduce la
voluntad de renovarse, así que es
obligatorio preguntárselo: ¿realmente lo está logrando con la Pro?
Lo espectro de una simple
versión actualizada de la consola principal está a la vuelta de la esquina desde que fue
oficialmente en septiembre, así que no debe sorprender que, en definitiva,
no se pueda hablar realmente de revolución next generation, conviene
dejarlo claro desde el principio. Sin duda, la Pro está bien vestida, con un bagaje
de potencia de hardware de nivel y, por supuesto, superior al de su predecesora;
además, poder jugar a nuestros títulos con la gráfica mejorada hace venir
agua a la boca. No me aventuro en descripciones técnicas comparando las dos
consolas con términos rebuscados de peritos profesionales, hay otros más
cualificados que yo que ya lo han hecho: como simple jugador con bastantes
años de gaming y experiencia a la espalda, puedo afirmar tranquilamente
que Ps5 Pro puede hacer feliz a
quien se acerca a las nuevas generaciones videolúdicas, sin perjuicio de que el
precio es todo menos popular y de que, si ya tenéis una Ps5 en el mueble debajo
del televisor y no sentís el deseo de quitaros el capricho de ocupar
más espacio, deberíais considerar bien si la compra merece la pena o no.
A cuentas hechas, como siempre digo,
¡jugar tiene la prioridad! Y Ps5 Pro es un producto que, en esto, destaca y mucho
y podría dar muchas satisfacciones.