Así como las consolas viven de generación en generación mutando con el tiempo y adaptándose a las preferencias y actitudes de los jugadores, tanto los ‘viejos’ como las nuevas generaciones, así también el enfoque de estos últimos sufre variaciones significativas, cambios epocales que sientan las bases para nuevas formas de consumo del medio.
Di reciente, he tenido la oportunidad de leer una interesante intervención sobre este tema por parte de Mat Piscatella, uno de los mayores analistas y responsable del sector de videojuegos en la empresa de análisis de datos Circana.
Al di là del análisis lúcido sobre el mercado del videojuego moderno, me ha llamado la atención sobre todo el discurso referido al avance inexorable del concepto de multiplataforma, en detrimento de las exclusivas para consola. Os transcribo sus palabras.
«Desde hace aproximadamente un año, cada mes hay un juego que vuelve a la clasificación después de mucho tiempo. ¿Cómo es posible? Ha salido en otra plataforma. Hoy quien compra un hardware lo hace por el ecosistema, por la lista de amigos. Ya no convencerás a la gente de cambiar de consola por las exclusivas. Ya hemos superado ese punto.»
Facendo algunas búsquedas en línea, se puede constatar la verdad de lo que afirma: títulos como Forza Horizon 5 y Stellar Blade, por ejemplo, han renacido a nueva vida en el momento del paso a PlayStation 5 el primero (inicialmente estaba disponible solo para PC y Xbox), mientras que Stellar Blade ha vivido la experiencia opuesta, primero como exclusiva para la insignia de Sony y luego llegando a PC y desde allí escalando en las clasificaciones hasta las cimas. Pero todo esto también abarca títulos menos recientes, atención: Fallout 4, obra maestra de Bethesda de 2015, que con las dataciones y los parámetros actuales correspondería a la Edad de Piedra en términos de videojuegos, ha vuelto a la palestra en los últimos años gracias a una sabia campaña de actualizaciones para las next-gen PS5 y XBoxSeries.
È como si las viejas reglas, de hecho, ya no valieran más.
«Las personas ya están arraigadas en su sistema», continúa él. «Llevarles los contenidos es la única manera de ganar. Y eso es lo que están haciendo todos, excepto Nintendo, que tiende a seguir su propio camino.»
Questo es un crisol de ideas que podrían ir desde lo filosófico hasta el puro marketing: creo que es correcto encontrar el clásico punto medio y analizar el axioma de Piscatella desde otra perspectiva. Es evidente que el retrato de los jugadores y jugadoras de hoy es un pálido recuerdo del del milenio pasado, donde la carrera por la consola de los sueños y el periodo navideño iban de la mano.
Entrando en la tienda y teniendo las ideas muy claras sobre lo que querías llevarte a casa, ya sabías cómo estaban las cosas y el punto exacto en que estaba marcado el punto de inflexión: por un lado Sega con Sonic y por el otro Nintendo con Mario.
Quelle eran las exclusivas de la época, convertidas después en un mundo gris, estratificado con el paso de los años (Crash Bandicoot para PlayStation, así como el legendario Metal Gear Solid de Kojima y así sucesivamente), pero aun así delimitado por fronteras nítidas, imposibles de confundir. E infranqueables.
Eccezione hecha para Nintendo, hoy el concepto de exclusividad ya no tiene el valor intrínseco que poseía antes.
Quizá el futuro trazado ve como protagonista el sistema multiplataforma como única forma de sobrevivir en el mercado, pero si hay una cosa que la experiencia de ‘viejo’ jugador me ha enseñado es que nada vale tanto como la sensación de jugar a algo que has elegido tú y no ha sido seleccionado, encauzado y regulado por alguien más que dispone de tu diversión.
Il jugador medio prefiere saltarse por completo la edición limitada de ese título en esa plataforma y esperar a que sea el publisher quien le lleve a casa ese juego, por otro lado en digital a menudo y de mala gana, con el porting frenético al que nos estamos acostumbrando.
I live service van a la orden del día y, a fin de cuentas, me pregunto, ¿qué queda de la belleza del ‘objeto’ físico empaquetado y lleno de contenidos especiales, esos que, admitámoslo, nos hacían sentir un poco especiales también a nosotros?