Da hace algunos años, se ha empezado a hablar de videgame therapy y de las posibles aplicaciones del videojuego en el campo de la preservación de la salud. No solo de la mental, como veremos, yendo mucho más allá de la esfera psicológica del ser humano y abriendo escenarios que hasta hace unas pocas décadas eran, digámoslo claramente, impensables.
En Italia, el punto de inflexión se produce en 2019, cuando la V.G.T., Video Game Therapy precisamente, toma forma de manera concreta y estructurada gracias al profesor Francesco Bocci, docente y psicoterapeuta que por fin vislumbra la oportunidad de acercar a los pacientes a una práctica que pudiera aportar beneficios significativos a través del medio del videojuego.
Jugar para sentirse mejor, por tanto, el juego que se convierte también en una herramienta educativo-social con la que establecer una nueva forma de conexión entre psicoterapeuta y paciente: si se canaliza adecuadamente, la práctica de jugar videojuegos puede aportar muchísimo en términos de estímulos y fortalecimiento del equilibrio psicológico.
Moltes de les teràpies experimentals preveuen sessions de joc compartit entre dos o més pacients, amb les quals s’estudien les reaccions no només a nivell mental del que passa a la pantalla, sinó també i sobretot les sol·licitacions en allò que és l’espectre emocional de qui juga als videojocs.
Las aventuras inmersivas “modernas” son aquellas que más que todas transportan a los pacientes a mundos estructurados y creíbles, a través de los cuales se estudia la respuesta emocional que servirá de base para las sesiones de terapia posteriores.
La trilogía de Life is Strange, por poner un ejemplo concreto, ha sido objeto de estudio por parte de varios organismos y psicólogos, quienes, valiéndose de operadores del sector de los videojuegos y educadores especializados, han puesto en marcha recorridos de gaming terapéutico muy interesantes, además de innovadores.
Interessantísimo en ese sentido un artículo que he leído recientemente (
enlace aquí) en el que se recogen algunas experiencias videolúdicas de diversos géneros, desde la sesión de juego de
Detroit Become Human, maravillosa aventura interactiva en la que abordaremos el tema de la identidad y de los traumas con los que convivir en toda su acepción, hasta aquella en la que se habla de
Little Nightmares, historia de miedos ancestrales, pesos que gravitan sobre el corazón y situaciones de malestar profundo dentro de la sociedad. Las ramificaciones dentro de nosotros, tanto a nivel psicológico como estrictamente emocional, son profundas e interconectadas.
Quando hacía referencia a la contribución que la Game Therapy puede aportar mucho más allá de la salud mental en sí, me refería precisamente a esto: afrontar y curar conflictos interiores, sufrimientos de diversa naturaleza y asuntos no resueltos, gracias a la experiencia inmersiva del Videojuego y a la exposición al estímulo que este proporciona. Con estos presupuestos, las técnicas psicológicas que pueden adoptarse para trabajar sobre la esfera personal abren un abanico de posibilidades potencialmente sin límites.
Terminos como escucha activa, catarsis y desensibilización respecto a un evento traumático son recurrentes cuando se habla de terapia del videojuego; sin embargo, me ha impresionado la manera amable y al mismo tiempo eficaz con la que la técnica del Storytelling abraza al paciente: jugar dentro de una historia, contada por otros, como protagonistas nos vuelve más espontáneos, liberados de leyes, inhibiciones y de ese sentido de responsabilidad que sentimos sobre los hombros cuando nos abrimos, o nos vemos obligados a hacerlo, hablando en voz alta de aquello que nos ha hecho y nos hace sufrir.
Anche il dottor Bocci lo sottolinea (
enlace al artículo), cuando afirma que “
en un entorno digital, por sí mismo protegido y regulado, el paciente puede revivir traumas pasados y vivencias emocionales sin quedar atrapado en ellos, sino dándoles un significado adaptativo y creativo”.
El videojuego nos toma de la mano y nos dice aquello que queremos oír desde siempre, aquello que de verdad necesitamos: «Aquí dentro, podéis sentiros libres». Y la búsqueda de libertad, me pregunto, ¿no es acaso el primer paso para reencontrarse a uno mismo?