Più di una volta vi abbiamo parlato di quanto il Videogioco, inteso come media interattivo e mezzo d’espressione a trecentosessanta gradi, sia potenzialmente portatore di benefici e miglioramenti nella vita di ognuno di noi, se gestito con criteri sani e consapevoli.
Esattamente como cualquier otra herramienta tecnológica inventada por el hombre, desde la rueda fuera de las cuevas hasta el más reciente y vanguardista de los visores para la realidad virtual. El discurso sobre la empatía en y gracias a los videojuegos no puede sino partir del último avance en materia de conexión neurofísica entre avatar y usuario.
Ogni experiencia de videojuego nos pone en la piel de otra persona (o de otra cosa), garantizándonos el derecho y el deber de vivir el juego de una manera completamente distinta de nosotros mismos y de la cotidianidad que nos rodea, que forma parte de nuestra experiencia vivida.
Experiencias ambientadas en otros mundos, aunque ficticios, con sus propias reglas de convivencia y estructuras socioculturales favorecen la conciencia del propio yo en relación con el otro, creando así vínculos empáticos y mejorando la percepción de las condiciones de vida de los demás.
Empatía. ¿Qué es? El diccionario nos viene en ayuda definiendo la empatía como la capacidad de ponerse en la situación de otra persona. Definición que esconde un mundo de significados, capaz de desafiar abiertamente los paradigmas del pasado.
Pensemos en Life is Strange, que nos permite vivir un fragmento de la vida de una adolescente con poderes extraordinarios: por medio de Max y sus sensaciones, somos capaces de (re)vivir la etapa del instituto, con todas sus problemáticas y pequeños grandes traumas. Recorriendo la historia principal, descubriremos verdades trágicas y horizontes sobrenaturales, pero las potentes emociones que vive la protagonista llegan a nosotros, nos conectamos con ella descubriendo lo difícil que es elegir si vengarnos o no de la matona del colegio, si corresponder un beso robado por la mejor amiga o sacrificar los sentimientos incipientes por una vida tranquila. Jugar videojuegos como forma de entender mejor el mundo y, al mismo tiempo, como acto de rebelión en una sociedad no siempre abierta a comprender minorías de todo tipo, desde los parias hasta los marginados.
Y no es todo: pensemos en los niños.
Con un control racional y educativo, el videojuego puede ayudarles a desarrollar principios fundamentales de empatía que corren el riesgo de perderse en el marasmo que una sociedad hipercinética como la nuestra les arroja encima, sin filtros. Personalmente, creo que es fundamental poseer una impronta empática que vaya más allá de la identificación superficial de las emociones ajenas.
En pocas palabras, no basta con que nos demos cuenta de que las personas están sufriendo, sino que, estableciendo un vínculo de empatía bastante fuerte, podremos hacernos cargo de todo esto, entenderlo de verdad y hacer todo lo que esté en nuestro poder para eliminar las condiciones por las que pueda volver a presentarse.
Vivir en la piel de otra persona, ¿recuerdan?
Ora pensad en títulos modernos como Split Fiction, donde es necesario coordinarse con nuestra pareja de juego y desarrollar un auténtico gameplay simbiótico para poder avanzar en la aventura, o bien Heavy Rain, en el que, en la piel de un padre desesperado, tendremos que encontrar a nuestro hijo secuestrado por un asesino en serie. Os aseguro que el corazón acelerado que se siente mientras recogemos pistas sin saber si y cuándo volveremos a encontrar, vivo o muerto, a la sangre de nuestra sangre, es algo palpitante, que os hará temblar, literalmente.
Identificándonos con nuestros héroes y heroínas, empatizando con sus desventuras, las tragedias pero también las alegrías de su existencia de píxel, seremos capaces de percibir la realidad en la que vivimos con una mirada que quizá no sospechábamos poseer.