Hay juegos que no necesitan presentación, precedidos normalmente por gran bombo en Internet y proclamados por supuestos content creators apasionados del retrogaming: es el caso de los distintos Zelda, Sonic y los títulos más recientes puramente online, como el polémico juego social Fortnite.
Eppure existen videojuegos maravillosos, escondidos en el sotobosque de los títulos, que no esperan otra cosa que ser rescatados por aquellos como yo, jugadores vintage que se atreven a escribir sobre ellos con toda la pasión que los distingue.
Entre estos, recientemente cayó en mis manos una pequeña joya que no veía desde hacía mucho tiempo, como un viejo amigo al que echabas de menos, aunque ya no recordaras muy bien los rasgos de su rostro.
Hellfire se ha vuelto a presentar así en mi vida, jugándolo en casa de unos amigos después de sacar del sarcófago la Sega Mega Drive, legendaria consola de 16 bits que aún hoy demuestra todo su valor.
Si trata de un título perteneciente a los shoot'em up, un matamarcianos de desplazamiento horizontal en este caso, con la sugerente ambientación espacial que guiña un ojo a clásicos como R-Type recorriendo sus atmósferas y jugabilidad, pero con personalidad a raudales.
Rigirándome la funda del juego entre las manos, me sumerjo en un flujo de recuerdos que huelen a polvo en el cartucho, a tardes enteras llevando trajes espaciales y empuñando mandos futuristas en busca de robots alienígenas implacables, entre láseres y batallas épicas.
Gli screenshot del juego, sin embargo, no hacen totalmente justicia a la belleza de los niveles, construidos con maestría por los chicos de Toaplan, que sabían lo que hacían cuando se trataba de llevar al máximo esplendor los píxeles en la pantalla.
Sulla carta d'identità de HellFire encontramos la fecha de 1990, año en que vio la luz en la tierra del Sol Naciente: entre nosotros llegó al año siguiente, luciendo el gran batage publicitario que se dedicó a la consola Sega sobre todo en Italia.
Eppure el juego no tuvo el mismo éxito que en Japón, quizá porque el enfoque hacia el videojuego doméstico entre nosotros todavía se veía absurdamente como un sector de nicho, a pesar de que en todo el mundo se alabara a aquel fontanero bigotudo de la casa Nintendo, un ídolo destinado a arrasar durante décadas, como la Historia nos ha confirmado con el tiempo.
Hellfire es frenético y divertido, el concepto de los niveles cumple honestamente su función al catapultar al jugador a un contexto de ciencia ficción cuidado, alternando secciones de juego muy clásicas con otras en las que nuestra nave tendrá incluso que moverse hacia abajo verticalmente, en un despliegue de enemigos cuyo único propósito en la vida es hacerte gritar en el espacio!
Jugabilidad que, por tanto, quizá no aporta nada significativo y nuevo, sin embargo la belleza de Hellfire también está en esto, en su clasicismo que rinde homenaje a los títulos salidos antes que él y lo hace con todo el entusiasmo posible.
Ha sido un bonito salto al pasado volver a jugarlo, lo debo admitir.
El joypad de la Mega Drive se adaptaba perfectamente a las maniobras funambulescas de la nave que pilotaba; además, me devolvió de lleno esa envolvente sensación de ligereza y diversión que sentía cuando, sentado con las piernas cruzadas en el suelo de la habitación de un querido amigo, dejaba de lado el papel de estudiante y me ponía el uniforme de ranger espacial, listo para otra batalla por el futuro de la Tierra.
Poca innovación de género