Dragon's Lair obtiene 7/10 en el veredicto de la redacción de The Games Market.
Érase una vez
Dragon’s Lair y la era de los juegos láser
por Simon Larocca·11 de septiembre de 2023
Nomenar Dragon’s Lair significa revivir recuerdos contradictorios, hechos de
risas, joysticks estrangulados con la furia de Marge Simpson hacia
Bart y tantas moneditas tintineantes gastadas para superar ese maldito puente.
Non existe jugador que no
haya tenido un bautismo de fuego mejor durante su primer acercamiento a los
Laser Games: el puente al inicio de Dragon’s Lair, título que dio inicio
a la epopeya tragicómica de Sir Dirk el Audaz, un nombre que lo dice todo y
presagio de aventuras increíbles, tan arduas como divertidas.
Partido
de la mente genial de un tal Don Bluth,
director y animador que me atrevería a definir legendario (Fievel llega a América y
el Dragón Invisible Elliott os dicen algo, ¿verdad?), Dragon’s Lair ve la
luz en 1983 sancionando de hecho
el inicio de la era de los juegos láser.
En breve, se trata de obras
videolúdicas en las que el timing, la velocidad y los reflejos mandan: en el
momento en que acertéis el instante preciso en que pulsar un botón o
mover el joystick para hacer que el héroe se desplace correctamente, blandir el arma o
hacerlo saltar, el juego seguirá mostrándoos la escena siguiente y así
sucesivamente. Cito un par de ellas, de las que hablaremos quizá en el futuro, como Space Ace, con una ambientación claramente
ciencia-ficticia, y ese Ninja Hayate
que ocupa un lugar especial en mi corazón.
Dragon’s Lair, como casi todos los
juegos del género, se presenta como un dibujo animado interactivo, en pocas palabras,
en el que nuestra partida será tanto más larga cuanto más hábiles seamos para
entender los mecanismos y las dinámicas con las que evitar trampas, derrotar monstruos
y salvar a la bellísima Daphne del terrible dragón.
Prima ho accennato a un ponte:
el intrépido Dirk deberá cruzarlo para entrar en el castillo del dragón e iniciar
la peligrosísima misión, y aquí el juego nos hace entender de inmediato, de la
forma más directa y frustrante posible, cómo irán las cosas si no aprendemos a
jugar: una tabla se rompe y tendremos que ser muy hábiles para evitar caer
entre las fauces del monstruo en el foso y terminar nuestra partida tras ni siquiera
tres segundos exactos.
Nada mal, ¿verdad? Y, sin embargo, es
precisamente esto lo que hace que los lasergames sean tan fascinantes, Amor y Odio viajan
por el mismo carril y te entrarán ganas de aprender a memorizar trampas y
peligros para afrontarlos de la mejor manera y superarlos con el momento oportuno
en la interacción. Yo me pasé, si no recuerdo mal, algunas horas y unas diez mil
liras, aunque estoy redondeando a la baja. Muy a la baja, para ser honesto.
El
juego ha tenido a lo largo del tiempo muchas encarnaciones y fue distribuido en múltiples soportes,
convirtiéndose en un imprescindible para todos aquellos que querían probar suerte en algo
nuevo y cautivador: eran los años en que Dungeons and Dragons empezaba a
arrasar también al otro lado del océano y, en consecuencia, el Fantasy vivía un auténtico
renacimiento.
Spendo también unas palabras para la
bella a salvar, la damsel in distress
como se dice en el argot: Dapne, sueño prohibido de todo aficionado a los
videojuegos de la época, está animada espléndidamente y en su ser princesa
a salvar roba la escena en los pocos momentos en que aparece, un concentrado de
sensualidad y belleza que iguala su valor y el espíritu combativo tras
el rostro angelical y el cuerpo voluptuoso de pin-up desbordante.
Dirk encarna el prototipo perfecto del héroe sin
tacha, con algunos miedos, claro, que sin embargo se ven mitigados por su índole audaz,
como dice su nombre, y el deseo de llevar a cabo hazañas dignas de entrar en el
mito: una característica, quizás LA característica más famosa de Dragon’s Lair es
la enorme variedad de posibles muertes en las que puede caer el héroe, una más
divertida que la otra.
Ironía y gags demenciales en ese sentido atenúan el efecto
violento presente en el juego, pero todo sabe a ligereza y ganas de divertirse
sin las nubes grises de la censura y del falso puritanismo.
7
Pro
La esencia de los juegos láser: las aventuras de sir Dirk os cautivarán para siempre
Animación soberbia y escenarios inspirados: vale la pena aprender a jugar para verlos todos
Gags y muertes al límite de lo absurdo, que te harán maldecir y reír a carcajadas al mismo tiempo
Contro
Curva de aprendizaje de los mecanismos de juego totalmente desequilibrada
Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.
Simon Larocca
Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.
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