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Los videojuegos cuando no existía lo políticamente correcto
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Los videojuegos cuando no existía lo políticamente correcto

por Simon Larocca13 de noviembre de 2024

Os habrá pasado, en los últimos tiempos, de toparos con nuevas terminologías durante vuestras peregrinaciones por el éter, atravesando todas las redes sociales modernas entre reels, contenidos y tiktokers de coreografías vergonzosas. Cultura woke, anglicismos forzados y supuestos gurús del entretenimiento videolúdico que señalan a este o aquel título como siendo o no siendo poco o demasiado políticamente correcto, y ese es el problema.
Del cine a las series de televisión propuestas por las plataformas de streaming más famosas, desde la música hasta llegar a nuestros amados videojuegos, la cuestión censura, mitigada sobre el papel con una revisión intensa de todos los elementos presentes dentro de una obra narrativa, ha creado, por contraste, un rechazo casi total de cualquier elemento borderline, que ha ido de la mano de otro fenómeno, es decir la implementación de todo aquello que hasta hoy había sido objeto de discriminación o sátira, incluso dura, en nombre de una inclusividad que, sin embargo, a menudo ha obtenido efectos diametralmente opuestos al noble y necesario propósito inicial.
Capolavoros reconocidos, indiscutibles, de storytelling además de gameplay como The Last of Us 2 han sido ampliamente criticados por la propuesta de una pareja queer a todos los efectos, afirmando cuánto el foco en Ellie y Dina puede desviar la atención de todo lo demás: es obviamente una enorme tontería, pero si hemos llegado a esto es porque la polarización entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo normal y lo extraño, se ha vuelto demasiado preponderante.
C’è stato un tempo in cui la creatività non tenía en cuenta todo esto, para bien y para mal: pensemos en Carmageddon, videojuego de carreras, por decir algo, de 1997 donde los jugadores podían, entre otros modos, ganar puntos y vencer atropellando a la gente, y no me refiero en bolsa. En aquella época, bienpensantes y supuestos expertos psicólogos se lanzaron contra el videojuego, generalizando como de costumbre, y su ser tan poco educativo, una demonización que no tomaba en consideración la única verdad de todo esto: se trataba de un videojuego, como también es solo una película cualquiera de terror donde incluso unos adolescentes pueden acabar muy mal de maneras truculentas. En la Divina Commedia, sí, hoy también recurrimos a los clásicos, Dante se encuentra en un círculo infernal lleno de niños no bautizados que sufren los padecimientos del lugar en el que se encuentran, y aun así nadie ha levantado nunca polémica. ¿Una provocación? Quizá, pero también es un dato de hecho incontrovertible.
Dos pesos y dos medidas.
Leisure Suit Larry, saga ultradecenal sobre un descarado e improbable playboy, ostenta una narrativa fuertemente sexista donde las mujeres vienen representadas con estereotipos afortunadamente ya superados, al menos sobre el papel, y sin embargo el juego en sí divierte y los enigmas son estimulantes.
¿Cómo hacer?
El corrección política desde luego no habitaba en la mente de los creadores de Duck Hunt, el legendario juego incluido con el Nintendo Entertainment System distribuido en Italia con su pistola Zapper: un título de uso y consumo también de los niños en el que el usuario se ocupa de la caza, quizá incluso sin licencia quién sabe, sería criticado y probablemente Nintendo nunca lo lanzaría hoy, adaptándose a los tiempos modernos.
Con esto no se quiere decir que no deban existir límites a determinadas cantidades de violencia excesiva o representaciones desproporcionadas de racismo, intolerancia o la orientación sexual; sin embargo la facultad de poder contar una historia con todo lo que los narrative designers deseen implementar no debe ser castrada de raíz, nunca.
Il riesgo, que ya se está convirtiendo en una realidad gris con la que hay que lidiar, es la tendencia a destruir el proceso de integración y la inclusividad, la verdadera, paga el precio: cada personaje de color que encontremos en un videojuego de ahora en adelante “está porque es políticamente correcto”, cada representación de relaciones o amores entre personajes del mismo sexo biológico “la han puesto porque es woke” y así sucesivamente. Basta con ser un mínimo inteligentes y tener sentido común para entender que no es exactamente así.
Un juego de masacre que no beneficia a nadie.
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Simon Larocca

Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.

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