Lo de los collectibles es un mercado que está floreciendo ya desde hace muchos años. Su alcance ha generado un interés global que aún hoy lo está elevando hacia territorios inexplorados y sugestivos.
I collectibles representan una oportunidad de muchas facetas, tanto para coleccionistas como para casas de subastas, empresas y sociedades que se ocupan de grading.
Cuando se habla de collectibles, se entienden aquellos bienes que se buscan y se conservan no tanto por su utilidad a nivel práctico, sino por el valor afectivo e histórico que representan.
Valor que viene determinado por toda una serie de parámetros fuertemente vinculados al período en el que fueron producidos, o bien (por ejemplo) la edición especial en la que están contenidos y otros posibles factores estrictamente ligados al coleccionista, el aspecto emocional si así queremos definirlo.
El mercado de los collectibles, como mencionábamos antes, ha alcanzado dimensiones tan vastas que se ha convertido en un sector aparte, capaz de impactar en los índices bursátiles y mover equilibrios: cartas deportivas y cartas de juego, así como figuras de acción y camisetas de fútbol de jugadores famosos, además de las icónicas pelotas de béisbol autografiadas por jugadores profesionales, etc.
In un contenido interesante visto en el perfil de Instagram de Kevin O’Leary, el empresario canadiense que desde hace mucho tiempo también se está interesando por los memorabilia, se hablaba del fenómeno de los Labubu, esa especie de peluche con orejas puntiagudas producidas por Pop Mart que se han vuelto muy populares gracias al boca a boca mediático en las redes sociales.
La reflexión de O’Leary, en realidad, fue mucho más allá, reflexionando sobre la orientación actual del mercado de los collectibles y sobre cómo ha evolucionado exponencialmente: «Empecé a mirar los datos del mercado de los últimos ocho años, y lo que realmente me llamó la atención fueron las tarjetas deportivas coleccionables.»
Il referimento es preciso y puntual, porque los números que giran en torno a las tarjetas deportivas son extremadamente interesantes: según los datos analizados por Market Decipher, el mercado actual de las tarjetas coleccionables se estima en un valor de 33 mil millones de dólares. Las subastas en línea baten diariamente piezas vintage y tarjetas especiales y raras (a menudo únicas, en realidad) como el famoso caso de la tarjeta firmada por Michael Jordan y Kobe Bryant, vendida por casi trece millones de dólares.
A braccetto con los collectibles del mercado fuertemente en expansión, se suman servicios de grading que permiten no solo la autenticación del bien en cuestión, analizado a través de estrictos parámetros, sino también su preservación: The Games Market, por ejemplo, ofrece este servicio que preserva el objeto físico y aumenta su valor con el tiempo, respetando su identidad y su historia
A las subastas online y los intercambios privados son a la orden del día, como cuenta todavía O’Leary en su intervención, «unos 380-400 millones de dólares al mes en cartas que se intercambian». El interés del empresario refleja la tendencia que ya está cobrando impulso y representa el reto más estimulante, para los profesionales del sector y de las clases de activos alternativas (como las define O’Leary): la identificación preventiva de aquellas cartas o series de cartas que podrían experimentar una fuerte demanda en el futuro.
Anticipándose a los tiempos, construye el negocio, podríamos decir, sin embargo la clave de lectura es un poco más compleja y articulada que eso.
I collectibles en los últimos años se han convertido en objetos de inversión con la proliferación de las plataformas online de referencia donde comprar, vender e intercambiar; además, la divulgación sistemática ofrecida por content creators, streamers y personalidades sociales destacadas (a menudo también inversores además de aficionados) ha permitido a cualquiera, potencialmente, entrar en un mercado que también aquí entre nosotros está creciendo, dentro de unos límites que aún están todos por definir.