La llegada de las plataformas de streaming y su difusión capilar ha traído consigo una miríada de novedades interesantes, en el ámbito del entretenimiento doméstico: la cultura pop y su herencia social, a medio camino entre la nostalgia y la necesidad de encontrar nuevos estímulos para disfrutar de historias capaces de apasionarnos, se han beneficiado gracias a un lenguaje universal capaz de hablar a cualquiera, niños, adolescentes y adultos.
El concepto de Proyecto Crossmedia se ha convertido, desde hace algunos años, en la nueva frontera del entretenimiento para los usuarios que lo disfrutan, y en una mina de oro de la que extraer para creativos, emprendedores y empresas propietarias de IP (propiedades intelectuales) amadas por el público en todas sus formas.
E, de hecho, estamos hablando precisamente de formas diferentes: la crossmedialidad por definición significa conectar dos o más medios de comunicación entre sí, de modo que “hablen” el mismo idioma a través de herramientas distintas pero complementarias.
Nell’ambito videoludico, la cuestión se vuelve más específica porque estamos hablando de un título principal que, al ramificarse en múltiples medios de naturaleza distinta de la original, crea nuevas líneas narrativas que beben del mundo de referencia.
In poche parole, pensemos en el Marvel Cinematic Universe, donde personajes y películas ambientados en el mismo universo superheróico cuentan una historia coral conectada por hilos y tramas que convergen. O, como recuerda Lisa Burgess, responsable de los proyectos para niños y jóvenes de Netflix, IP como Peppa Pig, The Elecric State, Squid Game y el visionario Black Mirror, «son crossover aún más eficaces cuando se trata de los chicos, un público muy diferente del de los adultos». Esto se debe a que, mientras el adulto podría discernir el juego de la serie de televisión o la película, apasionándose solo por uno de estos medios, un discurso diferente vale para niños y jóvenes, mucho más inclinados al descubrimiento, a querer salir de la zona de confort del dibujo animado con su heroína favorita para llegar al videojuego en el que podrá reencontrarla e interpretarla, gracias a un storytelling que apunta a la inmersividad, palabra clave del videojuego moderno.
Attraverso serie televisive, albi a fumetti speciali, lungometraggi y, precisamente, productos videolúdicos publicados en consolas, móviles e incluso en plataformas de streaming, el proceso de storytelling se entrecruza (crossmedialidad, precisamente) con otros, permitiendo de esta manera a los nuevos usuarios sondear y utilizar nuevos puntos de acceso con los que disfrutar de la obra, mientras que los “viejos” aficionados todavía tienen la posibilidad de seguir en el mundo conocido con el videojuego que han jugado y amado, incluso expandiendo su universo (y por tanto el interés).
Prima he citado The Electric State, la película de Netflix que muestra a un puñado de humanos enfrentándose a inteligencias artificiales y robots rebeldes en busca de libertad: dentro de la película se menciona un videojuego ficticio en el que el jugador interpreta la versión en píxeles del robot protagonista, título que Netflix ha desarrollado rápidamente y que se puede descargar desde la plataforma para jugarlo en teléfonos móviles.
Cinema y videojuegos se hablan desde siempre, desde los primeros intentos torpes de producciones integradas (Super Mario Bros en los años 90, por ejemplo), pero en los últimos años los proyectos crossmedia están estructurados con planes a largo plazo: pensemos en Arcane y League of Legends, Halo o la sempiterna Lara Croft con películas, series de televisión y títulos desarrollados específicamente para móvil en el mundo de Tomb Raider.
No por casualidad acuñé el término Multiverso Mediático, donde el Videojuego se inserta hoy con muchos menos prejuicios vigentes en el pasado, aprovechando potencialidades infinitas que estamos, por fin, empezando a descubrir.