Sombra escurridiza que se esconde en los recovecos de la historia del Sol Naciente, fulgurante como un tajo letal. La noche es más oscura y peligrosa, cuando toma el nombre del guerrero definitivo por excelencia: ¡el ninja!
Le incursiones multimedia de esta figura fascinante, a caballo entre mito y realidad, han sido muchas y sería imposible contarlas todas: desde las series de TV (cito la reciente House of Ninja sin olvidar Master, tan vintage que os recomiendo recuperarla) hasta películas de culto como Ninja Assassin o los cómics con las siempreverdes, y nunca mejor dicho, Tortugas Ninja, las aventuras a base de katana, shuriken y acrobacias que desafían toda ley de la física existente nunca pasan de moda.
En 1991, luego, llegó el tercer capítulo oficial de la saga ninja por excelencia: estoy hablando de The Cyber Shinobi, que como imaginaréis retomaba el concepto del primer legendario capítulo con Joe Musashi.
Se no sabéis de quién estoy hablando, imaginad un hábil guerrero niponoamericano con el traje de ninja, una katana afilada lista para lo que haga falta para rebanar a los enemigos y miríadas de estrellas metálicas, los shuriken, escondidos en las mangas: con el rostro descubierto, Joe Musashi desbarató la organización criminal Zeed él solo, ¡como un verdadero héroe de los años ochenta!
Gli desarrolladores de Sega sin embargo, bajo la dirección del gran Ryo Kudou (quien desarrolló en trescientos sesenta grados a los personajes de Streets of Rage, otro gran clásico de Sega, por así decirlo) quizá habían terminado de hacer las paces con el icónico personaje, pero desde luego no con la banda de los Zeed: en un lejano futuro, el 2XXX que bien podría estar situado dentro de un año en nuestro calendario por lo que sabemos, los i-terroristas regresan con un ejército de robots y androides para destruir centrales nucleares diseminadas por todo el mundo.
Va de suyo que no es precisamente un escenario idílico el que se vislumbra, cuando no son los niños los que hacen ooh sino las ciudades las que hacen boom. Joe Musashi, por desgracia, no está disponible porque pertenece a otro tiempo, así que aquí entra en escena otro Joe Musashi (¡qué fantasía, Sega!), nada menos que el tataranieto del héroe que derrotó a los Zeed.
Declaradamente un beat 'em up de desplazamiento lateral, aunque tomando distancias de títulos ruidosos como Final Fight o Double Dragon, este hack’n slash se propone como una bocanada de aire fresco en el género, llegando a Master System en forma de exclusiva, diríamos hoy, respaldado por una IP consolidada y entrado en los corazones de los puristas de los títulos side-scrolling dedicados a repartir golpes.
Se bien la jugabilidad recuerda mucho a la del primer Shinobi, la verdad es que el intento de introducir elementos nuevos en la saga no tuvo suerte: nuestro alter ego en pantalla se muestra enseguida torpe en los movimientos y los sprites de los enemigos, además de los de Joe mismo, resienten la potencia de la máquina en la que corre el juego, que contaba a su favor con una resolución sin duda destacable para la época y unos colores maravillosos; sin embargo, el juego es muy rígido y recuerda de forma muy vaga la perfección del primer capítulo.
El encanto urbano del primer Shinobi es mucho superior a la representación futurista de la ciudad; en ocasiones se tiene la sensación de jugar un macro nivel único con el aspecto de un enorme almacén, dividido en varias áreas de juego, incluida la base nuclear al final, donde tendremos que abrirnos paso hasta el jefe final.
Ecco, incluso los jefes no son memorables y, en mi opinión, pesa mucho la decisión de no haber querido conectar la trama del juego con elementos fundamentales del universo de los ninjas: nada de enemigos encapuchados, ni duelos con la katana a la luz de la luna, solo máquinas frías que destruir y soldados potenciados cibernéticamente para bloquear el camino entre nosotros y la salvación del planeta.
Un título que cumple su función aunque no del todo. Después de todo, como dice un antiguo proverbio japonés, “no siempre la habilidad de un ninja es suficiente para partir la luna en dos”.
El regreso de una saga legendaria en Master System, tras los éxitos de Alex Kidd in Shinobi World
La idea de trasladar el escenario principal a una ciudad del futuro es en sí buena; así, acción, ciencia ficción y dinamismo de beat’em up se mezclan en un único título
La introducción del juego con las imágenes de la gloriosa victoria de “abuelito” Joe sobre los enemigos de siempre es notable
No basta una intro galvanizante y el nombre Shinobi en el título para crear una obra maestra, hace falta mucho más
Jugabilidad hostil, controles engorrosos y animaciones de Joe no a la altura de la fama de la familia
Joe Musashi no es el verdadero Joe Musashi. Cuando un protagonista importa, esta es la otra cara de la moneda