Animal Crossing obtiene 7/10 en el veredicto de la redacción de The Games Market.
Érase una vez
Animal Crossing: ¡diversión zen y huertos!
por Simon Larocca·23 de febrero de 2025
Recuerdo todavía como si fuera ayer
el traqueteo del tren que me conducía al pueblo, meta final de mi
excursión videolúdica.
Corría el año 2001, disfrutaba de mi Nintendo GameCube con toda la alegría de quien se las veía con una máquina portentosa, y en el momento en que introduje el disco de Animal Crossing dentro de la consola, supe que sería un viaje inolvidable. Mis expectativas no fueron decepcionadas.
Salido también para Nintendo 64 y
convertido enseguida en un pilar de la casa de Kioto como Super Mario y Zelda,
por citar solo dos franquicias eternas, Animal Crossing cautivó a legiones de fans
abrazando tanto a chicos como a chicas con sus colores, la gráfica de estilo de cómic y
la extraordinaria sensación de vida simulada dentro de un mundo no tan
lejano, a solo un paso y un soplo del nuestro.
Es parte de esa categoría de nicho llamada ‘simulador de vida’, una tipología de juegos que basan su propio gameplay en el cuidado de uno o más personajes y sus necesidades, sumiéndolos en un contexto que represente el entorno natural en el que nacer, crecer e incluso morir, atravesando las etapas de la existencia con todo lo que comportan. Hobbies, pasiones, trabajo, en este caso en los campos principalmente, y mil aventuras entrelazando amistades, conocidos y vinculándose a otras personas.
Exactamente como en la vida real.
Il más famoso de los antepasados de
esta categoría, y quizá también el progenitor, es el Tamagotchi, legendario huevito electrónico que fue un verdadero y
propio icono para todos los niños, incluso fuera de Japón,
sobre todo en los años noventa, y permitió a los jugadores que en aquellos
años combatían legiones infernales de demonios en Doom y salvaban princesas e
islas en Monkey Island tomarse un descanso, para así darle de comer a la
propia criatura y, en caso de necesidad, limpiar su caca en los bordes de la
pantalla. No estoy bromeando, pruébenlo y verán.
Animal Crossing a día de hoy cuenta con nada menos que
cinco juegos oficiales, junto con algunos spin-off que amplían su universo
e implementan algunas características de jugabilidad ausentes en los capítulos
principales: nuestro protagonista, después de viajar en tren y haber
conocido al primero de los personajes antropomorfos que formarán parte de su
nueva vida, tendrá que construir y personalizar su propia vivienda ganando
estrellitas, es decir, la moneda de Animal Crossing, hacer favores a los demás habitantes
y armarse de azada y sombrero para ocuparse de plantas y hortalizas.
L’agricultura nunca ha sido
tan divertida y pacífica, y de hecho el concepto zen en la base es uno de los
pilares de la saga: incluso en el último capítulo lanzado para Switch, New Horizons, fruto de una feliz
dirección artística del gran Koji Takahashi, la posibilidad de encender la
consola, entrar en el juego y ‘volver’ al mundo paralelo en el que nuestro
avatar vive y respira, constituye un placer delicioso y relajante, un
remedio para el alma que nos permitirá aliviar el estrés de la vida
cotidiana, sobre la cual los problemas penden como espadas de Damocles.
Cómo hacer
todo esto?
Regando tomates y saludando a alguno de nuestros vecinos,
quizás un tanuki o un gato de cara simpática, espléndidamente
caracterizados por los diseñadores del juego gracias a un trabajo de diseño de personajes que
les permite expresar simpatía desde la primera mirada.
Zen y Relax son por tanto las palabras
clave que están en la base del concepto de Animal Crossing.
Nintendo desea que el
jugador permanezca el mayor tiempo posible en la isla y lo consigue con toneladas de misiones secundarias, los llamados ‘favores’ de los que hablaba antes, un cuidado maniático por
la alternancia de las estaciones y del día y la noche (que se basarán
en el reloj interno de la consola) y muchos secretos por descubrir, jugando lo
más posible.
Esto porque, como en el mundo real, desvelar misterios y conocer
cada rincón de la isla significa explorar, volver a menudo y permitir que el
mundo del juego crezca junto a nosotros.
No es, acaso, todo esto,
vivir?
7
Pro
Simulador de vida en todos los aspectos: las acciones en el juego tendrán repercusiones también en el futuro e incluso cuando no juguemos
Gráfico de estilo cómic y colorido que capta el espíritu de la serie en puro estilo Nintendo
Toneladas de eventos y cosas que hacer cada día, para una longevidad prácticamente infinita
Contro
El espectro de la repetitividad siempre está a la vuelta de la esquina en los sim-game, y este no es una excepción
Enfoque de ritmos excesivamente lentos que no a todos puede gustar
Me llamo Simon Larocca, y soy un videojugador, coleccionista y amante de la cultura pop en todas sus formas. Voy al cine siempre que puedo, leo desde que llevo gafas, así que desde siempre, y tengo pasión por el storytelling en todas sus formas, tan arrolladora que la convertí en una profesión. Pero, como diría Doc de Ritorno al Futuro, no habría presente si no se mirara al pasado con respeto y admiración, y es al Simon niño de hace más de treinta años, año arriba, año abajo, al que debo todo.
Simon Larocca
Me llamo Simon Larocca, y soy un videojugador, coleccionista y amante de la cultura pop en todas sus formas. Voy al cine siempre que puedo, leo desde que llevo gafas, así que desde siempre, y tengo pasión por el storytelling en todas sus formas, tan arrolladora que la convertí en una profesión. Pero, como diría Doc de Ritorno al Futuro, no habría presente si no se mirara al pasado con respeto y admiración, y es al Simon niño de hace más de treinta años, año arriba, año abajo, al que debo todo.
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