Jugar es una de las primeras
actividades que aprendemos a amar y que nos ayuda a moldearnos, en el cuerpo y
en el alma. El ser humano, entendido como una forma de vida dotada de emociones, pone en práctica el acto del Juego para poder interactuar
con el mundo que lo rodea: esta es una verdad universal que va mucho más allá
de la ciencia y sus dogmas.
Feta esta debida premisa,
resulta aún más importante y sorprendente lo que ha surgido de una investigación
llevada a cabo en Estados Unidos hace algunos meses en lo que respecta al aporte
terapéutico de los videojuegos dentro de programas de fisioterapia vinculados a
niños con trastorno del espectro autista.
El artículo que describe la investigación y los médicos que han participado en ella (fuente:
https://www.tgcom24.mediaset.it/mastergame/news/videogiochi-autismo-bambini-nintendo_78644975-202402k.shtml)
ofrece ideas de reflexión estimulantes y más actuales que nunca: gracias a una
de las últimas ingeniosas periféricas de Nintendo, el
RingFit Adventure que permite llevar a un nuevo nivel de
diversión (¡y sudor!) la interacción del videojugador con el juego en la
pantalla, se ha demostrado cuánto su uso mejora sensiblemente las
capacidades motoras y de coordinación de los
niños, durante las sesiones terapéuticas.
Nel caso específico de las personas
con trastorno del espectro autista, además, la predisposición al aislamiento y
a consecuentes malestares debidos al aumento del estrés en la vida cotidiana puede
ser tratada a través de un uso consciente y supervisado del medio
videojuego, algo que hasta hace pocas décadas se veía como
una imposición parental, mientras que hoy, si se lleva a cabo con criterio y con
un enfoque libre de prejuicios y escepticismo, garantiza indudablemente
una mayor calidad en las interacciones sociales por ejemplo (el juego por
definición da lo mejor de sí cuando se convierte en una actividad de grupo), y estoy
convencido de que este sea también uno de los muchos resultados importantes que han
surgido al final de la experimentación.
Pur no siendo quien escribe un
médico ni tenga intención de lanzarse sin criterio y título en
argumentaciones pseudomédicas, después de haber leído este estudio científico realizado
por profesionales del sector sanitario he hecho algunas reflexiones: desde sus
orígenes al alba de los arcade, el
videojuego gracias a Pong de Atari ha
permitido incrementar, o incluso desarrollar, la coordinación mano-ojo.
Un pequeño gran logro, si pensamos
que todavía hoy hay quien denigra los evidentes beneficios que el Octavo Arte es
capaz de transmitir al usuario, ya sea un niño o un adulto. Quizás
aún sea prematuro hablar de herramientas imprescindibles en el campo de las terapias
multidisciplinarias en el ámbito médico, sin embargo se evidencian avances que
hacen albergar buenas esperanzas en lo que es, a honor de la verdad, una dignificación del
Videojuego en sentido estricto que no debe pasar desapercibida, y es precisamente
este el corazón palpitante del artículo que estáis leyendo. Otra
consideración importante que quisiera hacer es esta: vivimos en un mundo
hipercinético donde la sociedad, de la que formamos parte activamente, mina
constantemente algo único y que en los últimos años ha cobrado protagonismo. Hablo
por supuesto de la salud mental.
Argomento sensible y de mil
facetas, el de la salud mental involucra no solo el mundo del
videojuego: se habla de ello en todas partes, en novelas y ensayos que abordan la
materia desde el punto de vista sociológico y cultural, en las redes sociales los debates
sobre el aspecto competitivo, tan intenso que no haría más que desmotivar o
incluso demoler la personalidad de nuestros chicos, están más encendidos,
y sentidos, que nunca. He aquí que regresa con fuerza la Pregunta-Espantajo: ¿los
videojuegos hacen daño?
Yo siempre he pensado que no
merecía respuesta, y que la verdadera pregunta en realidad siempre había sido
otra.
¿Cuánto bien pueden hacer los videojuegos? Por fin, las primeras
respuestas están llegando, y precisamente desde la medicina, lo que, permitidme decirlo,
ya es una victoria para todos nosotros.