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El valor de la preservación física. XBOX 360 cierra la store.
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El valor de la preservación física. XBOX 360 cierra la store.

por Simon Larocca4 de septiembre de 2024

Todo aquello que tiene un comienzo, está destinado a tener un final, antes o después. Microsoft ha anunciado el cierre oficial del marketplace digital perteneciente a su legendaria XBOX 360, y el mundo del entretenimiento ha sufrido un terremoto épico, destinado a hacer Historia.
Se estuviéramos dentro de un open world con impronta western como Red Dead Redemption, aquella en la que nos encontraríamos cabalgando sería una tierra de frontera, insidiosa y llena de baches peligrosos para nuestras monturas: si sustituyéramos la llanura árida y azotada por vientos cálidos por el conjunto de consolas existentes actualmente en el mercado y el terreno accidentado por las discutibles decisiones de Sony, Microsoft y Nintendo respecto al digital y al volumen de negocio que hay detrás, tendríamos un cuadro claro y transparente sobre la dirección que está tomando el sector.
Un horizonte funesto con repercusiones devastadoras sobre el videojuego como producto, ciertamente, pero también y sobre todo una advertencia, quizá la última, sobre lo importante que es preservar lo que nosotros, los gamers, amamos tanto y que corre el riesgo de convertirse en pasado remoto, irrecuperable, perdido para siempre en el tempestuoso cielo digital, hecho de nubes grises, no por casualidad el nombre es precisamente clouds.
Come era lógico pensar, en las redes sociales y en general en el inmenso océano de la web se desató el infierno, al más puro estilo de Máximo Décimo Meridio: hordas de profesionales del sector caídos de las nubes, otra vez ellos, ante la noticia del leviatán de Bill Gates, jugadores de última hora que entraron en pánico clamando por una conspiración universal por parte de las grandes casas de producción y, puntuales como solo quienes no esperaban otra cosa para levantar la cabeza después de años de tropiezos, una conocida cadena de minoristas de videojuegos guiñó un ojo a los consumidores con aire de superioridad, subiéndose a un podio moral que quizá tambalee un poco bajo ese peso, pero a los posteriores la ardua sentencia.
La verdad es que la importancia del Videojuego Físico ha sido voluntariamente subestimada por quienes, hasta ayer, denigraban y se burlaban de aquellos que habían sabido ver más allá. Personas que aman el medio videojuego, aficionados con décadas de partidas, puntuaciones y diversión a cuestas que torcían el gesto, con razón, ante las primeras señales de introducción de DLC, suscripciones premium digitales y demás.
Hagamos un poco de claridad: en el momento en que aceptamos las condiciones contractuales cuando creamos una cuenta en línea, debemos someternos a las reglas y a las imposiciones de la empresa proveedora, nadie nos obliga a marcar la casilla acepto y por lo tanto es una nuestra elección, exactamente como decidir o no leer todos los documentos contractuales en línea que explican con pelos y señales cuán intrincado es el bosque de puntos, condiciones y vínculos que nos permitirán, una vez dicho “sí”, jugar con los productos que la empresa en cuestión nos pone a disposición. Unpopular opinion? No lo creo, se trata solo de mirar de frente la realidad.
Questo para decir que nos corresponde a nosotros, los consumidores, decidir si apostar por lo digital y no ser previsores, sino disfrutar del momento por lo que es (como tal, un juego digital tiene sobre sí una fecha de muerte ya ampliamente decidida, un Death Note escrito con tinta pixelada) o bien dar valor a nuestras estanterías con el formato físico y pensar en el futuro. Por un lado compramos la licencia pero no el juego; por otro, hacemos nuestros los sueños y la diversión, potencialmente para siempre. Y para siempre es un periodo muy largo, que yo sepa, mucho más largo que la duración de una fría e implacable licencia.
Escuchadme bien cuando os digo: no poseemos lo que compramos, en un contexto de este tipo. Repetidlo conmigo. Y luego empecemos a cambiar las cosas.
Le realidades que venden retrogame, término con el que ya definimos todo lo videolúdico que tiene más años que nosotros o casi, trabajan sobre todo sobre el concepto de pasión y, llegado a este punto, debe plantearse otra cuestión fundamental para comprender plenamente el alcance del cierre de los locales en casa Xbox: ¿vale la pena preservar la memoria histórica de las consolas y de los títulos que fueron, en un mundo que acelera cada vez más hacia la digitalización total?
È realmente tan importante dar un paso atrás, volviendo a infundir el valor adecuado a la santa trinidad: funda-librito-cartucho? (¡Sí, lo sé, los cartuchos ya no se usan, pero seguro que nos hemos entendido!).
Sí. Vale la pena tres mil, que una cita del Universo Cinematográfico Marvel a estas alturas viene muy bien.
Hemos hablado de presente y futuro, sin embargo es al pasado al que debemos dirigir nuestra mirada, allí donde se anidan títulos portentosos ligados indisolublemente a nuestros recuerdos y a nuestros corazones.
Lo de Xbox 360 no es el primer marketplace que se cierra para siempre, para empezar: los precedentes son ilustres y ya deberían habernos insinuado la clásica mosca detrás de la oreja cuando, en 2019, así que no hace tanto tiempo, a decir verdad, Nintendo decidió cerrar los servidores vinculados a la Wii, ilustre consola predecesora de la actual Switch: la desaparición del Wii Shop sancionó el fin de todos los contenidos presentes, muchos títulos indie y otros rescatados del glorioso pasado de Nintendo y que ya no son reperibles en ninguna parte se han perdido de hecho para siempre.
E y para siempre, como os decía antes, es un período muy largo, ¿recordáis?
Titulares de nicho, otros desarrollados por casas independientes y quizás comercialmente menos atractivos que otros, y aun así, ¿es realmente tan importante ponerse quisquilloso cuando se trata de propiedades intelectuales que se desvanecerán como lágrimas en la lluvia? ¿Perderemos para siempre Dr.Luigi, Pokemon Rumble U y Street of Rage para 3DS, y si tenéis una edad que en las decenas incluye al menos el número cuatro, entonces os dais cuenta de lo importante que ha sido volver a poner en auge un título como el beat 'em up de desplazamiento de Sega, estoy convencido de ello.
Tutto esto, sin embargo, no se refiere solo a las propiedades intelectuales de la Gran N de Kioto: con el cierre del marketplace de Xbox 360, de hecho, indagando aquí y allá por la web, también podréis comprobar vosotros mismos cuáles y cuántos títulos nunca más podrán ser encontrados, y por tanto jugados y coleccionados. Claro, por honestidad hay que admitir que no todos son memorables, fruto a menudo de acciones de marketing destinadas a subirse a la ola de juegos en línea multiplayer o disparatadas operaciones nostálgicas con reboot que no merecíamos y que no necesitábamos, sin embargo ser conscientes de que ciertos videojuegos hayan llegado al final del camino, sancionando su Game Over definitivo para el cual no habrá posibilidad de insertar monedas y continuar la partida desde donde la habíamos interrumpido, bueno, creo que es una derrota para el medio videojuego y para la preservación de la memoria histórica en sí.
Qui no se trata solo de una batalla puramente comercial, librada a base de ofertas de lanzamiento, merchandising y DLC atractivos repletos de skins para descargar y códigos para desbloquear armas mejoradas: el hundimiento de los servicios de conservación digital y su relativa basurera, no sabría definirla de otro modo, de videojuegos destinados al olvido perdurable, trae consigo secuelas peligrosas, como la imposibilidad de permitir una difusión eterna de los títulos que nos hicieron soñar, mundos coloridos, divertidos y dominados por héroes y heroínas que ya no tendrán la posibilidad de encarnar esos ideales que nos han ayudado a crecer, vehiculando mensajes a menudo mucho más profundos y significativos que los quintales de basura audiovisual que las cadenas televisivas de hoy en día sirven a todas horas del día y de la noche.
Además, el Videojuego Físico además de ser un bien precioso, concreto y tangible como los ladrillos de Super Mario y exquisitamente real como el valor de Nathan Drake y Lara Croft, lleva consigo una herencia imposible de replicar por parte de lo digital, y he aquí que otra más, pesada como un peñasco, se arroja en las profundidades de nuestro glorioso pasado de videojugadores: ¿cuántos de vosotros habéis tenido la posibilidad de prestar vuestros amados videojuegos a los amigos, permitiendo así la posibilidad de jugar a un montón de títulos intercambiando opiniones, risas y burlas, un cofre de emociones y sensaciones que solo quien manejaba aquel trío especial del que hablaba antes, caja-librito-cartucho, podía sentir en la propia piel.
Riflessioni, estas, que nos llevan a una consideración importantísima que no solo es un aviso para el futuro, sino también una luminosa esperanza para lo que será en el ámbito videolúdico: en mi opinión, el cierre en cadena de los marketplaces, los del pasado, los actuales y los que inevitablemente vendrán, puede convertirse en una ocasión.
La ocasión de devolver a su antiguo esplendor el Videojuego Físico como tal, emancipándose definitivamente y de manera total de las grises tierras digitales: nuestros títulos pueden volver a ser mercancía de intercambio entre los usuarios y los coleccionistas, custodios inviolables e inmortales de sueños de píxel y cunas de la diversión. Pero el videojuego es también un producto, no lo olvidemos, algo que nace gracias al trabajo y a los esfuerzos creativos y empresariales de tantas, tantísimas personas, y en el momento en que se convierte en propiedad de las personas que lo han comprado y han jugado con él, es nuestro deber preservarlo, hacer que, si no seremos nosotros quienes lo coleccionemos y le demos un lugar en la estantería junto al televisor, sean otras personas, apasionadas tanto como nosotros y que han decidido donarle la eternidad que se merece.
Preservar el pasado para dar un sentido al presente y construir el futuro. Todo esto depende de nosotros, que comemos pan y videojuegos y estamos orgullosos de ello.
Porque estoy seguro de que Sam de El Señor de los Anillos tenía razón de sobra.
“Todavía hay algo bueno en este mundo, señor Frodo”
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Simon Larocca

Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.

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