Todo aquello que tiene un comienzo, está
destinado a tener un final, antes o
después. Microsoft ha anunciado el cierre oficial del marketplace digital
perteneciente a su legendaria XBOX 360, y el mundo del entretenimiento ha
sufrido un terremoto épico, destinado a hacer Historia.
Se estuviéramos dentro de un open
world con impronta western como Red Dead Redemption, aquella en la que nos
encontraríamos cabalgando sería una tierra de frontera, insidiosa y llena de baches
peligrosos para nuestras monturas: si sustituyéramos la llanura árida y
azotada por vientos cálidos por el conjunto de consolas existentes actualmente
en el mercado y el terreno accidentado por las discutibles decisiones de Sony, Microsoft y Nintendo respecto al
digital y al volumen de negocio que hay detrás, tendríamos un cuadro claro y
transparente sobre la dirección que está tomando el sector.
Un horizonte funesto con repercusiones devastadoras sobre el videojuego
como producto, ciertamente, pero también y sobre todo una advertencia, quizá
la última, sobre lo importante que es preservar
lo que nosotros, los gamers, amamos tanto y que corre el riesgo de convertirse en pasado remoto,
irrecuperable, perdido para siempre en el tempestuoso cielo digital, hecho de nubes
grises, no por casualidad el nombre es precisamente clouds.
Come era lógico pensar, en las
redes sociales y en general en el inmenso océano de la web se desató el infierno,
al más puro estilo de Máximo Décimo Meridio: hordas de profesionales del sector caídos de las
nubes, otra vez ellos, ante la noticia del leviatán de Bill Gates, jugadores
de última hora que entraron en pánico clamando por una conspiración
universal por parte de las grandes casas de producción y, puntuales como solo quienes
no esperaban otra cosa para levantar la cabeza después de años de tropiezos, una conocida
cadena de minoristas de videojuegos guiñó un ojo a los consumidores
con aire de superioridad, subiéndose a un podio moral que quizá tambalee un poco
bajo ese peso, pero a los posteriores la ardua sentencia.
La verdad es que la importancia del Videojuego Físico ha sido voluntariamente
subestimada por quienes, hasta ayer, denigraban y se burlaban de aquellos que habían
sabido ver más allá. Personas que aman el medio videojuego, aficionados con décadas de
partidas, puntuaciones y diversión a cuestas que torcían el gesto,
con razón, ante las primeras señales de introducción de DLC, suscripciones premium
digitales y demás.
Hagamos un poco de claridad: en el
momento en que aceptamos las condiciones contractuales cuando creamos una cuenta
en línea, debemos someternos a las reglas y a las imposiciones de la empresa
proveedora, nadie nos obliga a marcar la casilla acepto y por lo tanto es una nuestra elección, exactamente como
decidir o no leer todos los documentos contractuales en línea que explican
con pelos y señales cuán intrincado es el bosque de puntos, condiciones y vínculos
que nos permitirán, una vez dicho “sí”, jugar con los productos que
la empresa en cuestión nos pone a disposición. Unpopular opinion? No lo creo, se trata solo de mirar de frente
la realidad.
Questo para decir que nos corresponde a nosotros, los consumidores, decidir si apostar por lo
digital y no ser previsores, sino disfrutar del momento por lo que es (como
tal, un juego digital tiene sobre sí una fecha de muerte ya ampliamente decidida, un Death Note escrito con
tinta pixelada) o bien dar valor a nuestras estanterías con el formato físico y
pensar en el futuro. Por un lado compramos la licencia pero no el juego;
por otro, hacemos nuestros los sueños y la diversión, potencialmente para siempre. Y
para siempre es un periodo muy largo, que yo sepa, mucho más largo que la
duración de una fría e implacable licencia.
Escuchadme bien cuando os digo: no poseemos lo que compramos, en un
contexto de este tipo. Repetidlo conmigo. Y luego empecemos a cambiar las cosas.
Le realidades que venden retrogame, término con el que ya
definimos todo lo videolúdico que tiene más años que nosotros o casi, trabajan
sobre todo sobre el concepto de pasión y, llegado a este punto, debe plantearse
otra cuestión fundamental para comprender plenamente el alcance del
cierre de los locales en casa Xbox: ¿vale la pena preservar la memoria histórica de las consolas y de los títulos que
fueron, en un mundo que acelera cada vez más hacia la digitalización total?
È
realmente tan importante dar un paso atrás, volviendo a infundir el valor adecuado a la santa trinidad: funda-librito-cartucho?
(¡Sí, lo sé, los cartuchos ya no se usan, pero seguro que nos hemos entendido!).
Sí. Vale la pena tres mil, que una cita del Universo Cinematográfico Marvel a estas alturas viene muy bien.
Hemos hablado de presente y
futuro, sin embargo es al pasado al que debemos dirigir nuestra mirada, allí donde
se anidan títulos portentosos ligados indisolublemente a nuestros recuerdos y a
nuestros corazones.
Lo de Xbox 360 no es el primer marketplace que se cierra
para siempre, para empezar: los precedentes son ilustres y ya
deberían habernos insinuado la clásica mosca detrás de la oreja cuando, en 2019, así que no hace tanto tiempo, a
decir verdad, Nintendo decidió cerrar los servidores vinculados a la Wii, ilustre
consola predecesora de la actual Switch: la
desaparición del Wii Shop sancionó el fin de todos los contenidos presentes, muchos
títulos indie y otros rescatados del glorioso pasado de Nintendo y que ya no son
reperibles en ninguna parte se han
perdido de hecho para siempre.
E
y para siempre, como os decía antes, es un período muy largo, ¿recordáis?
Titulares de nicho, otros
desarrollados por casas independientes y quizás comercialmente menos atractivos que
otros, y aun así, ¿es realmente tan importante ponerse quisquilloso cuando se trata de
propiedades intelectuales que se desvanecerán como lágrimas en la lluvia? ¿Perderemos
para siempre Dr.Luigi, Pokemon Rumble U y Street of Rage para 3DS, y si tenéis
una edad que en las decenas incluye al menos el número cuatro, entonces os dais cuenta de lo importante que ha sido volver a poner en auge un título como
el beat 'em up de desplazamiento de Sega, estoy convencido de ello.
Tutto esto, sin embargo, no se refiere
solo a las propiedades intelectuales de la Gran N de Kioto: con el cierre
del marketplace de Xbox 360, de hecho, indagando aquí y allá por la web, también podréis
comprobar vosotros mismos cuáles y cuántos títulos nunca más podrán ser
encontrados, y por tanto jugados y coleccionados. Claro, por honestidad hay que admitir
que no todos son memorables, fruto
a menudo de acciones de marketing destinadas a subirse a la ola de juegos en línea
multiplayer o disparatadas operaciones nostálgicas con reboot que no merecíamos
y que no necesitábamos, sin embargo ser conscientes de que ciertos
videojuegos hayan llegado al final del camino, sancionando su Game Over definitivo para el cual no habrá posibilidad de
insertar monedas y continuar la partida desde donde la habíamos interrumpido, bueno,
creo que es una derrota para el medio videojuego y para la preservación
de la memoria histórica en sí.
Qui no se trata solo de una
batalla puramente comercial, librada a base de ofertas de lanzamiento, merchandising
y DLC atractivos repletos de skins para descargar y códigos para desbloquear armas
mejoradas: el hundimiento de los servicios de
conservación digital y su relativa basurera, no sabría definirla
de otro modo, de videojuegos destinados al olvido perdurable, trae consigo secuelas
peligrosas, como la imposibilidad de permitir una difusión eterna de los
títulos que nos hicieron soñar, mundos coloridos, divertidos y dominados por
héroes y heroínas que ya no tendrán la posibilidad de encarnar esos ideales que nos han ayudado a crecer,
vehiculando mensajes a menudo mucho más profundos y significativos que los quintales de
basura audiovisual que las cadenas televisivas de hoy en día sirven a todas horas
del día y de la noche.
Además, el Videojuego Físico
además de ser un bien precioso, concreto y tangible como los ladrillos de Super
Mario y exquisitamente real como el valor de Nathan Drake y Lara Croft, lleva
consigo una herencia imposible de replicar por parte de lo digital, y he aquí
que otra más, pesada como un peñasco, se arroja en las profundidades de
nuestro glorioso pasado de videojugadores: ¿cuántos de vosotros habéis tenido la
posibilidad de prestar vuestros amados videojuegos a los amigos, permitiendo
así la posibilidad de jugar a un montón de títulos intercambiando opiniones,
risas y burlas, un cofre de emociones y sensaciones que solo quien manejaba
aquel trío especial del que hablaba antes, caja-librito-cartucho,
podía sentir en la propia piel.
Riflessioni, estas, que nos
llevan a una consideración importantísima que no solo es un aviso para el
futuro, sino también una luminosa esperanza para lo que será en el ámbito videolúdico:
en mi opinión, el cierre en cadena de los marketplaces, los del pasado, los actuales
y los que inevitablemente vendrán, puede convertirse en una ocasión.
La ocasión de devolver a su antiguo esplendor el Videojuego Físico como tal, emancipándose definitivamente y de manera total de las grises tierras digitales: nuestros títulos pueden volver a ser mercancía de intercambio entre los usuarios y los coleccionistas, custodios inviolables e inmortales de sueños de píxel y cunas de la diversión. Pero el videojuego es también un producto, no lo olvidemos, algo que nace gracias al trabajo y a los esfuerzos creativos y empresariales de tantas, tantísimas personas, y en el momento en que se convierte en propiedad de las personas que lo han comprado y han jugado con él, es nuestro deber preservarlo, hacer que, si no seremos nosotros quienes lo coleccionemos y le demos un lugar en la estantería junto al televisor, sean otras personas, apasionadas tanto como nosotros y que han decidido donarle la eternidad que se merece.
Preservar el pasado para dar un
sentido al presente y construir el futuro. Todo esto depende de nosotros, que
comemos pan y videojuegos y estamos orgullosos de ello.
Porque estoy seguro de que Sam de
El Señor de los Anillos tenía razón de sobra.
“Todavía hay algo bueno en este mundo, señor Frodo”