Alguien ha dicho que no elegimos cómo empezamos en esta vida, y que la verdadera grandeza es lo que hacemos con lo que nos toca.
Desde que escuché esta frase empecé a reflexionar sobre cuánto se adhiere a mí y al reflejo en el espejo que veo cada mañana.
Me llamo Simon Larocca, y soy un jugador de videojuegos, coleccionista y amante de la cultura pop en todas sus formas.
Voy al cine siempre que puedo, leo desde que llevo gafas, así que desde siempre, y tengo pasión por el storytelling en todas sus formas, tan arrolladora como para convertirla en una profesión. Pero, como diría Doc de Regreso al Futuro, no habría presente si no se mirara al pasado con respeto y admiración, y es el Simon niño de hace más de treinta años, año más año menos, quien, rompiendo la hucha cerdito y yendo al Toy Center de Asti, compró a escondidas de sus padres aquella maravillosa máquina de los sueños llamada NES.
Y desde allí empezó todo.
Entonces, ¿cuál es tu trabajo, Simon?
Soy un editor y corrector de pruebas, soy la cantimplora que regenera a los atletas, conocidos como escritores, y revitaliza sus manuscritos, dándoles más de una razón para ser propuestos a las editoriales.
Manejo palabras, trabajo con las historias y busco en su interior el fuego sagrado de la narración, la misma llama capaz de avivar las aventuras de Link en La leyenda de Zelda y que os hace dar un salto en la silla cada vez que Ellie en The Last of Us se encuentra luchando por su supervivencia.
Sí, porque además de ser un editor profesional, yo también creo mundos, como autor.
Y estos mundos no existirían si no hubieran existido los videojuegos, una de las herramientas con las que los chicos, a menudo solitarios e incomprendidos, todavía hoy logran metabolizar sus miedos y poner un pie fuera de la habitación, para afrontar el nivel más complejo y difícil de todos.
Pero, ¿qué significa para ti hoy ser un coleccionista?
Una pregunta tan simple como compleja. Definamos el término coleccionista: tal y como yo lo veo, coleccionar significa preservar.
Darle la oportunidad a un objeto y a lo que significa para mí de volver a la pista, convertirse en algo más que una 'cosa' para tocar y ver. En narrativa toman el nombre de Memento, objetos que a primera vista despiertan recuerdos y emociones, dormidos entre las arenas del tiempo, como en Prince of Persia.
Pero, como todos los artefactos mágicos descubiertos en el nivel de un videojuego, hace falta un templo que los conserve y les haga justicia. En Retroedicola Videoludica Club, de hecho, la asociación de Bérgamo de la que soy miembro, he encontrado el lugar ideal para compartir, vivir y transmitir la pasión que me arde dentro.
Quizás también sea a causa de esta actitud mía, querer a toda costa imprimir significado y valor a los objetos y a lo que representan, que he decidido seguir muy de cerca un proyecto ligado al mundo de los videojuegos.
Has hablado del mundo de los videojuegos, ¿qué es lo que más te gusta de este extraño y raro universo nerd?
Antes que nada, mi querido reflejo en el espejo, los nerds no existen. Sí, una revelación impactante, ¿verdad? El término nerd es una invención creada ad hoc por quienes no entienden lo que significa dedicarse a una pasión capaz de divertir y enseñar algo, entre una tirada de dados y un monstruo al que derrotar en una pantalla llena de píxeles. En cambio, existen las personas con contenido, moral y emocional, personas que aún saben soñar e imaginar. Dicho esto, lo que me gusta hasta la locura del planeta de los videojuegos es la Compartición. La belleza de estar juntos y jugar, cerca o lejos, intercambiando opiniones y divirtiéndose compartiendo, precisamente, muchos estados de ánimo, así como el sutil placer de la burla después de mil vicisitudes. Seré banal, pero la verdad está contenida en la propia palabra. 'Juego'.
¿Y qué hay de más serio, motivador y educativo que jugar y aprender?