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Skate Boardin' obtiene 7/10 en el veredicto de la redacción de The Games Market.

Skate Boardin’, evoluciones arcade a la estela de Tony Hawk!
Érase una vez

Skate Boardin’, evoluciones arcade a la estela de Tony Hawk!

por Simon Larocca19 de enero de 2026

Se me concentro lo suficiente como para despertar sus recuerdos, adormecidos en algún lugar entre las noches mágicas de 1990 y los tiros con efecto involuntarios con mi inseparable SuperTele nerazzurro, todavía logro verme. Allí en el suelo sobre el asfalto, las rodillas raspadas y las ruedas gastadas del monopatín girando en vacío, mientras la plancha de planchar más guay del universo yace boca arriba después del enésimo revolcón del suscrito. Que se reía, feliz de haberse hecho daño, y lo sabía.
Nada de móviles ni de improbables Tik Tok imitándo a bailarines que nunca seremos, sino solo adrenalina y acrobacias peligrosísimas en el skatepark, emulando a su majestad Tony Hawk. Como diría mi amigo skater Luca, “ciertos trick son pura poesía”, y es precisamente en nombre de ese lirismo on the road que Atari publicó Skate Boardin’ para su consola estrella, en aquel lejano y seminal 1987.
A tomar las riendas del proyecto fue Absolute Entertainment, una de las muchas sociedades de desarrollo pioneras que en aquellos años posteriores a la crisis (el momento más gris de la historia de los videojuegos) se abría paso a codazos a base de ideas, sueños y visiones en formato pixel: al frente de este half pipe creativo estaba nada menos que David Crane, que saltó a la fama en la industria gracias a esa obra maestra de reflejos, improperios y ambientaciones exóticas llamada Pitfall, un juegazo, creedme. Skate Boardin’ tenía que atrapar absolutamente el interés de los aficionados a los videojuegos con un nivel de dificultad que fuera lo bastante estimulante. Al mismo tiempo, Atari sabía muy bien que para un juego de naturaleza tan particular, a medio camino entre la disciplina deportiva y la experiencia callejera al estilo PaperBoy (¡si no sabéis qué es, os lanzo un periódico a la cara!), era necesario trabajar también en el marketing, para atraer así también a los verdaderos skaters, una auténtica legión en Estados Unidos. 
Impersonando a un joven gamberro que llega tarde a la escuela, afrontaremos un recorrido urbano repleto de rampas, tuberías y obstáculos varios que tendremos que aprovechar para conseguir la mayor cantidad de puntos posible: el objetivo del juego consiste en llegar a las puertas del instituto en menos de cinco minutos, contribuyendo a avivar en el jugador la dosis justa de ansiedad. Pero atención: para completar con éxito la misión, titulada pomposamente “The Cruise” en el manual de instrucciones interno (¡eran otros tiempos!), tendréis que ejecutar 50 trucos entre rampas y tuberías.
El encanto literalmente atemporal de un título como este no se revela solamente jugándolo: introducir la cartucho en la ranura de la consola es ya de por sí un momento emocionante, al igual que el inicio de la pantalla inicial, con el título que campea orgullosamente junto con los gráficos que hoy definiríamos con razón como retro, pero que en aquellos años de experimentación representaban lo máximo para los videojugadores. La misma portada de Skate Boardin’, con ese hortera con gafas de sol, pantalones cortos hawaianos y el skateboard de colores psicodélicos que está a punto de hacer un boneless junto a una furgoneta en medio de la calle, desencadena en el ojo del usuario el deseo prohibido de encadenar tricks en las tardes soleadas de veranos marcados por hacer novillos.
Per ello, también podremos disfrutar de un viaje: una de las maniobras más icónicas es la que en jerga se llama skitch: en Skate Boardin’, de hecho, seremos capaces de agarrarnos a un vehículo en movimiento e inclinarnos para cortar el aire de manera óptima. Esto nos permitirá literalmente acelerar entre una zona y otra, para luego soltarnos y reanudar nuestra cruzada por la carretera!
Skate Boardin’ no es un juego moderno, obviamente: el gameplay está al límite del minimalismo y, con los ojos de hoy, el aspecto gráfico es sin duda una reliquia de museo. Sin embargo, sigue siendo capaz de divertir a cualquiera que se ponga a ello; las evoluciones con el monopatín y los efectos sonoros, tan espléndidamente ochenteros, convierten este título en un imprescindible… sin necesidad de volver a pelarse las rodillas.
Pero, que quede entre nosotros, a mí me falta un poco el Mercuro Cromo en las raspaduras, ¿a vosotros no?
Game Cover
7

Pro

Joya atemporal para todos los amantes de la mesa con ruedas, controles sencillos y partidas rápidas y divertidas

Si quieren conocer uno de los títulos que anticipó el icónico “Tony Hawk’s”, este es el momento

Asesoramiento de verdaderas estrellas del skate durante el desarrollo del juego, lo que denota un cuidado poco común por el producto en cuestión, con todas las limitaciones técnicas de la consola, claro.

Contro

Hablemos de un título para Atari de 1987: inconcebible la comparación con cualquier título multideportivo de hoy; si buscáis picos de gráficos y tenéis poca imaginación para imaginar lo que no podía ser reproducido en píxeles, mirad a otra parte.

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Simon Larocca

Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.

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