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Gyromite obtiene 7/10 en el veredicto de la redacción de The Games Market.

ROB y Gyromite, ¡cómo el NES conquistó América!
Érase una vez

ROB y Gyromite, ¡cómo el NES conquistó América!

por Simon Larocca18 de diciembre de 2025

Natale se acerca, regalos bajo el árbol, viejos barbudos a lomos de renos y el ritual descongelamiento de Mariah Careh, veterana ninfa de vocalizaciones eternas como ciertos hallazgos de la Nintendo Prime, aquella que conquistaba los mercados con operaciones de marketing aparentemente improbables, reveladas luego de algún modo como ganadoras, en un mundo donde la palabra osar se ha vuelto rara.
También en aquella fatídica Navidad de 1985 los estantes de las tiendas se llenaron de juguetes, sin consolas en el ocaso (¿alguien ha dicho Atari?) y sin conocer las que estaban listas para conquistar el mercado de ultramar: pero en los States, así como en Europa a fin de cuentas, dominaban la escena productos muy distintos. Los juguetes que los chavales querían encontrar envueltos bajo el árbol no eran artefactos de plástico con los que jugar a la tele, sino robotazos muy guapos o soldados legendarios y portaaviones gigantescos con los que dominar océanos inventados sobre la alfombra de casa en el salón.
Nintendo, para difundir la Nintendo Entertainment System sin sufrir un sonado fracaso, decidió que combatir a los G.I. Joe y Transformers sería contraproducente, mejor actuar con el caballo de Troya más famoso de siempre en la historia de los videojuegos: se llamaba R.O.B., y su llegada a América significó sobre todo la entrada en la leyenda.
Los años que van desde 1983, correspondiente a la crisis de los videojuegos que golpeó a todos los sectores de la industria, hasta mediados de los años ochenta, fueron un terreno fértil para quienes supieron aprovechar las oportunidades surgidas de la debacle de gigantes como Atari y no solo eso: Nintendo lanzó su NES en América con este accesorio hoy discutible en cuanto a su utilidad real sobre el terreno, pero que sirvió para introducir literalmente la consola en las tiendas: el Robotic Operating Buddy, un nombre que evocaba vibras de amistad y tecnología al servicio de la diversión, era de hecho un juguete dotado de brazos mecánicos, pero al formar parte de un paquete, el Deluxe Set, para conseguirlo había que comprar necesariamente la consola. Hoy hace sonreír, pero en aquella época la desconfianza hacia el entretenimiento en pantalla había subido vertiginosamente hasta niveles máximos; desmentirla no era una tarea fácil: solo se comercializaron dos juegos para el R.O.B., Stack fue el primero, luego llegó Gyromite, un platform atípico que adquiere sentido solo si se disfruta en combo con nuestro simpático buddy. 
Siendo un periférico de Nintendo, igual que la mítica Zapper, ROB también funcionaba exclusivamente con televisores de tubo catódico: con unos sensores situados dentro de sus ojos, podía recibir las señales de la pantalla y de hecho “interactuar” con lo que ocurría en ella, colocando unas bandejas de distinto color sobre los giroscopios: en Gyromite, el objetivo del juego era liberar el nivel de los cartuchos de dinamita. Con el timing correcto (y creedme, ya que lo he jugado muchísimo, no es nada fácil dominar los controles dada su torpeza) R.O.B. abría las compuertas para permitir que el profesor avanzara, etc. Gyromite se presenta ante nuestros ojos con personajes adorables, el clásico diseño de niveles de la Nes con sus ocho bits y pocos pero acertados colores, compuertas (obviamente rojas y azules, como los botones que Rob es capaz de pulsar gracias a nuestros comandos) sobre las que volcaréis amor y odio: su estructura de rompecabezas garantiza un nivel de desafío aceptable, en definitiva. 
Come podréis imaginar, el R.O.B. tuvo una vida brevísima en las tiendas a pesar de las buenas ventas obtenidas: no salieron otros títulos y el periférico cayó en el olvido, hasta que de simple objeto escénico logró, con el favor del tiempo, la arqueología videolúdica y el sano amor de los fans, volver a encontrar su legítimo lugar en el corazón de los aficionados.
In Super Smash Bros Brawl, para concluir, podréis utilizarlo como personaje jugable, ¡y quién sabe si esta vez sus giroscopios no volverán a ser útiles para derrotar a vuestros adversarios!
Game Cover
7

Pro

Gyromite y Rob regalan algunos momentos de nostálgica diversión, poco pero seguro

Ver a R.O.B interactuar con la pantalla de un televisor de tubo catódico te hará retroceder en el tiempo

Obsoleto por definición, R.O.B. aun así luce de maravilla como objeto de colección

Contro

Gyromite es esencialmente una demo bien empaquetada, no esperéis nada más allá de los dos escuálidos modos de juego propuestos, intensos, pero dramáticamente breves

Comandos de juego dificilísimos, manejar R.O.B. mientras se juega a Gyromite es más frustrante que un soulslike jugado con los ojos cerrados durante una resaca

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Simon Larocca

Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.

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