Las crónicas de la informática
de los albores, tecleadas con teclados antediluvianos sobre los míticos monitores de fósforo
verde, están llenas de historias de hombres y mujeres revolucionarias e ideas convertidas
en éxitos de masas o increíbles fracasos comerciales caídos en el olvido.
Pero no del todo.
Gli archivi de
los cultores del pasado y de las glorias que han inspirado la tecnología de todos los
días, de nuestros días, siguen aún íntegros y precisamente en uno de estos
cajones virtuales encontramos el MSX.
Chi de vosotros es un jugador
de antaño como yo, al oír esta sigla habrá asociado sin duda el “Machines with Software eXchangeability”
al primerísimo y genial capítulo de Metal
Gear Solid: pues sí, Hideo Kojima desarrolló en 1987 el título que habría
cambiado para siempre el mundo del videojuego en los años venideros precisamente con
MSX, pero no adelantemos las revelaciones más suculentas y vayamos por orden, ¿qué
os parece?
Ante todo estamos hablando no
de un ordenador precursor o de una consola, sino de un estándar informático, como se dice en el argot, desarrollado para los
ordenadores domésticos en los años ochenta por el innovador y visionario Kazuhiko
Nishi, con dentro nombres del calibre de Philips y Sony.
Il contexto histórico
ya estaba definido al respecto y no permitía excepciones: las grandes industrias de
sector producían exclusivamente sistemas cerrados que no preveían
compatibilidad con otros software y hardware incluidos: en consecuencia, el advenimiento
de un nuevo estándar fuera de lógicas de mercado capitalistas que
garantizaba, entre otras cosas, una amplia libertad con la posibilidad de ensamblar
ordenadores realizados por fabricantes diferentes pero igualmente compatibles entre
sí, bueno… Era una revolución, y las revoluciones de este tipo siempre encuentran
acérrimos opositores, como bien sabemos.
Al margen de las especificaciones
técnicas en sí, MSX significa ordenador con aquellas características y especificaciones establecidas
por el estándar MSX, y permitía por tanto a varios fabricantes tener su propia
versión de un ordenador doméstico, pero compatibles entre sí. El primer estándar MSX,
a fin de cuentas, era poco mejor que un C64; recordemos que estamos hablando de
un estándar de 8 bits: el verdadero avance fue la versión número 2 del
estándar MSX, una potente máquina de 32 bits comparable casi al Amiga 500,
una comparación que debería haceros entender el alcance objetivo del MSX en el
mundo informático, hechas las debidas proporciones si consideramos la sección
de audio estratosférica del Amiga y el chipset gráfico de vanguardia.
Molti competidores obviamente no
estaban muy felices del nacimiento de un consorcio que definía estas normas
técnicas específicas, no podemos hablar de un conflicto comparable a las Console Wars que estallará en los años
siguientes, sin embargo el impacto en numerosas decisiones empresariales desde 1983, cuando fue
lanzado el MSX, hasta principios de los años Noventa reverberó en todo el sector, hasta
que el consorcio dejó de estar activo y el estándar MSX fue abandonado casi
por completo.
¿Por qué he hablado de consorcio?
La respuesta es sencilla: cuando el mercado está fragmentado, como lo estaba entonces, se hace grupo, es la primera ley no escrita del marketing y en aquellos años en que
el Personal Computer estaba empezando a invadir nuestras casas era lógico que
tarde o temprano sucediera. En tiempos más recientes, también 3DO hizo una operación muy similar, ¿se acuerdan? Una consola
desarrollada por varias partes (Panasonic, Sanyo y otras) con las mismas especificaciones
técnicas estándar. Terminó mal, pero lo intentaron.
Ma nuestro sector tan querido
es el de los videojuegos, entonces ¿qué nos ha dejado MSX en herencia? Aparte del
maravilloso Metal Gear Solid de los inicios, no puedo dejar de mencionar City Connection, un juego estupendo de
cuyo mueble recreativo recordaréis la legendaria monedita roja y los gatos
traicioneros, Contra en una de sus primeras
versiones y la saga de rol de Y’s, querida
por los jugadores de rol puristas y que nació precisamente en MSX.
Mundos inolvidables, a menudo
ediciones japonesas difíciles de encontrar hoy en día y que constituyen un tesoro
inestimable.