Il término blockbuster, es decir, aquellas películas cinematográficas que por una serie de coincidencias afortunadas (campaña publicitaria bien lograda, personajes icónicos y una amplia difusión en las salas de todo el mundo) se vuelven tan populares que son reconocibles y apreciadas incluso con el paso del tiempo, no nació con la saga ruidosa de Fast and Furious ni tampoco con los superhéroes Marvel: hay que apuntar el telescopio del tiempo mucho más atrás, más precisamente al inicio de los años ochenta, cuando un joven director con mucho futuro llamado Spielberg transformó el deseo infantil y universal de llamar a casa en algo memorable: así nació E.T – el Extraterrestre.
E desde aquel día, el mundo de los videojuegos ya no fue el mismo, porque E.T. es (por desgracia) sinónimo del mayor fracaso de Atari 2600, pero con su versión E.T. Phone Home en 1983 logró de algún modo enmendarlo, aunque el daño mayor, enterrando miles de copias no vendidas en el desierto (¡os juro que es todo verdad!), ya estaba hecho.
E.T. Phone Home toma desde el principio distancia de su desafortunado predecesor, estrenado el año anterior, llevando al centro de la escena ya no al simpático alienígena de la falange brillante y curativa, sino a su mejor amigo terrícola, Elliott, el niño de la legendaria sudadera roja con capucha cuya misión consistirá en recuperar las “piezas” necesarias para contactar con la familia entre las estrellas del alienígena y, por tanto, conducirlos a la Tierra, para devolverlo de verdad a casa.
Un cambio de tendencia muy fuerte, en lo que respecta al planteamiento narrativo, si así queremos llamarlo, porque de hecho “deja de lado” al personaje principal, figura de extremo éxito en la celuloide pero, ay de nosotros, dolorosamente fallida en el plano estrictamente videolúdico.
Rigurosamente en single player, moveremos al pequeño y valiente Elliott por los meandros de su pueblecito de provincia, entre bosques, calles y casas, en busca de las piezas necesarias para construir el teléfono que necesita el alienígena: podremos movernos en las ocho direcciones posibles mediante el joystick, ese instrumento maléfico que pegabas con las ventosas sobre la mesa y que corría el riesgo de desprenderse de su base cada vez que jugabas. Durante la quest, será vital evitar a toda costa encontrarnos con fuerzas del orden y hombres del gobierno, cuyo único objetivo es capturar a E.T. para estudiarlo como una cobaya, negándole el derecho de hacer la llamada, de lo contrario caeríamos en una bonita paradoja.
Il gameplay de E.T. es básicamente todo aquí: deambular por los esquemas de juego propuestos, coleccionar los ítems necesarios para ensamblar el aparato que E.T. necesita y evitar que te pillen con las manos en la masa. Gráficamente hay un buen salto adelante, las texturas de las casas, de los árboles y de los automóviles de los barrios son disfrutables (hablamos de hace 40 años), se puede seleccionar el nivel de dificultad y esto se vuelve importante si tuviéramos problemas para terminar el juego, en el que veremos la nave espacial de los padres de E.T. llegar a la Tierra para el rescate del hijo pródigo, בדיוק como en la película.
A diferencia del juego para 2600, hay que decir que el esfuerzo por ofrecer algo más existe y se nota, como por ejemplo la posibilidad de contactar telepáticamente al alienígena, que se ha quedado en casa sin energías, para tener recordatorios constantes de las piezas que nos faltan para completar la misión. Pero tratar a toda costa de darle una oportunidad a un juego nacido viejo incluso para su época no sería objetivo, admitámoslo: aun con algunas añadidos interesantes como la barra de energía de Elliott, que desciende gradualmente con el paso del tiempo y concede a la jugabilidad general un sentido de urgencia que aumenta su dificultad (y longevidad), E.T. Phone Home ofrece sí una experiencia significativa desde el punto de vista puramente histórico, pero mantiene la mayoría de los defectos de su desafortunado predecesor.