Una palabra mágica, para todos
aquellos que no podían permitirse el vasto parque de consolas lanzado a lo largo de los años
por las mayores casas de producción del entretenimiento videolúdico, o que
simplemente preferían echar mano al bolsillo de forma más prudente.
Sea cual sea la categoría a la que pertenezcáis, el Super Game Boy es una de esas piezas que ha hecho la fortuna de
coleccionistas y maridos con el aliento en la nuca.
Descubramos el porqué.
La Super Nintendo, para los amigos SNES, fue la consola que marcó el
salto de nivel de los 8 bits de su predecesora, la NES, a los más coloridos 16 bits,
como todos saben: sin embargo, la nueva generación nunca ha despreciado volver
al pasado, sobre todo en lo que respecta a la casa de Kioto, que en materia de
restyling, reboot y operaciones nostalgia siempre ha sabido ir un paso
por delante de todos.
Así, en 1994,
mientras Roberto Baggio sumía a toda una nación futbolística en la desesperación
enviando un satélite al espacio desde Pasadena, Nintendo ponía a la venta
el Super Game Boy, cartucho que permitía ejecutar los juegos de su
consola portátil en la vanguardista, para la época, SNES!
[Super Game Boy en funcionamiento con Warioland a color en un espléndido TRINITRON de Sony]
Fu una revolución, quizá pasada
un poco desapercibida por estos lares en los años noventa, pero que, como todo lo
demás, fue capaz de volver al primer plano en las décadas siguientes, entre los puestos
de los coleccionistas en las ferias primero y en internet en los mercadillos online después. Ejecutar
los juegos de Game Boy (PAL, JP y NTSC) en una pantalla más grande, y sobre todo a color,
garantizaba la posibilidad de adentrarse en un nuevo mundo, desarrollando las
potencialidades intrínsecas de la consola portátil hacia nuevos horizontes, tanto
que incluso salieron algunos títulos creados específicamente para ser disfrutados con
el adaptador. De hecho, lo que debía ser “solamente” el eslabón de
conexión puramente físico entre dos consolas se convirtió en el acceso a la versión
para televisor de Game Boy.
Y perdonad si es poco, añadiría.
Se luego contamos, y aquí entra en juego el coleccionista que hay en mí, y en vosotros, que los juegos desarrollados para ser disfrutados con el Super Game Boy no han tenido otras encarnaciones, comprenderéis bien el valor que los envuelve en un aura de pura unicidad.
Cuando me toca poner las manos
sobre este adaptador, siempre me удивo de lo particular que es de verdad, no
me viene a la mente otro término, la experiencia de jugar con el pad de la Super
Nintendo a los clásicos, no porque denigre los controles integrados del Game Boy, no
pronunciaría jamás una herejía semejante.
Tuttavia la honestidad me sugiere
de admitir su ergonomía a nivel videolúdico, porque superar los niveles de
algunos plataformas es realmente arduo sin la comodidad de un mando entre las manos, y cuanto más
pasan los años, más me doy cuenta.
Insomma, el Super Game Boy es el adaptador por excelencia si se aspira a devolver lustre y nueva vida a los juegos de vuestra consola portátil firmada por la Gran N, y por qué no, sacar la Super Nintendo del armario y ponerla de nuevo en marcha, ¿no es acaso un pecado mortal seguir teniéndola ahí dentro acumulando polvo, chicos?
Simon Larocca
Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.
Simon Larocca
Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.
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