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PowerGlove, el poder en tus manos con Nintendo
Héroes del tiempo

PowerGlove, el poder en tus manos con Nintendo

por Simon Larocca14 de enero de 2026

Quanto quisiera tenerlo... Palabras que todos al menos una vez en la vida hemos pronunciado y que como nunca en estos días cercanos a las fiestas adquieren fuertes connotaciones emotivas, tanto para los nostálgicos como quien escribe, como para aquellos que, con una mochila de hijos a cuestas, se disponen a vivir las fiestas bajo el signo de los pedidos locos en el leviatán en línea “amazzónico”. 
Pero volvamos por un momento a los años ochenta con el DeLorean, diseñado por el cursor al estilo Automan de nuestra máquina del tiempo personal llamada mente: un mundo en el que no hacía falta tener una conexión para disfrutar de las maravillas que poblaban nuestros sueños más prohibidos de nerd, periféricos de ciencia ficción que, al verlos en la televisión, ya te hacían sentir un superhéroe entre tus amigos del patio, saboreando de antemano sus miradas admiradas puestas sobre ti. 
Una, en particular, se convirtió de inmediato en un imprescindible para todos nosotros: en 1989 Nintendo lanzó junto con Mattel el Power Glove y así comenzó la historia de uno de los proyectos más ambiciosos de la casa de Kioto y, al mismo tiempo, su imperecedero y glorioso fracaso.
Si habéis tenido una infancia feliz marcada por películas memorables, entonces recordaréis la primera aparición oficial del Guante del Poder, tal como lo llamábamos nosotros, los chicos del patio: “El pequeño gran mago de los videojuegos”, en el que el protagonista llevaba precisamente un Power Glove para derrotar al adversario en Super Mario Bros 3, mostrado en primicia también justo en aquella ocasión. 
Fin aquí todo bien, en resumen: un lanzamiento por todo lo alto a través de la radio, anuncios publicitarios que ensalzaban la potencia tecnológica del periférico firmado por la gran N. Y, sin embargo, las avanzadas especificaciones técnicas y las promesas de una forma innovadora de jugar que aparecían en la caja no casaban con la puesta en práctica real del hardware con forma de guante, por desgracia. En primer lugar, la incomodidad de uso se reveló como la primera gran falla: muchos cables conectados a la consola hicieron ya de por sí complicado mover el guante a nivel espacial, por no hablar de la criticidad más relevante y que, en esencia, debía ser el primer problema en resolverse antes de ponerlo a la venta, es decir, la sensibilidad.
Senza entrar demasiado en detalle y salvo el meñique, a cada dedo le correspondía un sensor que detectaba su flexión, transformando de hecho el movimiento en un impulso que habría de hacer interactuar el miembro con los personajes en pantalla: pero mientras el héroe de la película exhibía una habilidad sin igual con el Power Glove (imaginad a Tony Stark lidiando con sus armaduras), nosotros, pobres seres humanos, nos encontrábamos frustrándonos de mala manera ante una respuesta de los controles cuanto menos aproximada.
Per usar un eufemismo amable, hoy la definiría totalmente fuera de sincronía como un cantante trap sin autotune y con ronquera.
Eppure el problema en sí no fue la tecnología, que para la época era absolutamente increíble, sino la implementación en una máquina que, por mucho que la amáramos con locura todos nosotros, fanáticos ultra cuarentones, presentaba sus límites de hardware y el Power Glove, con un inconsciente golpe de mano, perdón por el juego de palabras, los puso al desnudo todos, uno a uno. Pensad que la mayoría de los jugadores prefirieron usar el joypad de la Nes fielmente reproducido a la altura de la muñeca, lo que ya es decir mucho. Cuenta la leyenda que muchas personas ambidiestras se volvieron zurdas a fuerza de jugar de esta incómoda manera, pero son precisamente solo leyendas, cuentos para los hijos de aquellos pioneros que compraron el Power Glove esperando convertirse en pequeños magos de los videojuegos, y que en cambio se encontraron con un objeto destinado a convertirse en un objeto de culto, hoy como ayer. Ya no un guante para llevar puesto, sino el símbolo de estatus de una época en la que no se temía apuntar con el dedo índice hacia el punto más alto del horizonte, sin temer, con ingenua inconsciencia, que el sensor pudiera no responder a la forma del sueño.
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Simon Larocca

Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.

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