¡Hola! Te damos la bienvenida a la gran familia de The Games Market y gracias por aceptar que te entrevistemos. Toda pasión nace de lejos, por lo general, en esa época magnífica y sugestiva entre la infancia y la adolescencia; es allí donde nacen los sueños de los jugadores, destinados a crecer junto a nosotros. ¡Cuéntanos sobre ti! ¿Quién eres? O mejor dicho, ¿quién es la persona, el coleccionista, el apasionado de los videojuegos que tenemos delante?
Ciao!
Mi llamo Christian, he pasado ya hace tiempo de los "cuarenta" (¡detalles no solicitados!) y me considero afortunado por haber vivido diez, once años en una época irrepetible: aquella en la que el deporte de calle y los primeros videojuegos convivían en perfecta armonía.
Hablemos de los primeros años 80, cuando estaba claro que algo estaba cambiando para siempre en la forma de entretenerse.
Mi primera consola fue una Mattel Intellivision, elegida no por casualidad.
Due amigos míos habían recibido hacía poco la Atari 2600, y casi por desafío, entró en mi casa su antagonista directo; sin saberlo, me encontré siendo testigo de la primera verdadera guerra de consolas de la historia. Aún recuerdo aquella Navidad de 1982, cuando convencí a mi padre para regalarme la Intellivision: 399.000 liras, una enormidad para aquella época.
Desde entonces fue un sucesión de experiencias: ZX Spectrum, Commodore Amiga, la primera PlayStation, luego Xbox... Algunas consolas apenas me rozaron, como la NES, otras me marcaron en lo profundo.
Oye, colecciono, estudio y custodian todo lo que cuenta esa historia. Porque cada consola, cada juego, cada caja no es solo un objeto: es un fragmento de nuestra cultura, una pieza de memoria compartida que vale la pena preservar.
Hacer coleccionismo significa mantener una conexión profunda con nuestro pasado y los juegos que hemos amado. ¿Cuáles son tus títulos favoritos de siempre? Con tus palabras, permítenos “ver” tus estantes y la colección, o las colecciones, que te representan.
Per mí, coleccionar es una forma de mantener viva una conexión emocional y cultural con lo que ha marcado nuestra sociedad.
Entre mis títulos favoritos hay hitos que nunca dejan de entretenerme.
Su Intellivision, por ejemplo, tengo un vínculo especial con BurgerTime y Beamrider - juegos que, a simple vista, parecían sencillos, pero que ofrecían una profundidad estratégica sorprendente para la época.
Li volví a jugar, además, con una diferencia de 35 años, durante el periodo del Covid: desafiando a mis hijos logré inscribir mi nombre en Twin Galaxies como poseedor de los respectivos récords mundiales. En Amiga, recuerdo Arkanoid y sobre todo Monkey Island, que representaba pura innovación, creatividad y una nueva forma de experiencia lúdica, aunque encerrada en pocos kilobytes. Con la primera PlayStation entré en una nueva era con títulos como Metal Gear Solid y Resident Evil.
Por fin, en Xbox, Halo marcó un verdadero punto de inflexión: era cine, acción y multijugador en una única experiencia extraordinaria.
La colección que estoy creando cuenta con 700 juegos graduados entre WATA, VGA, CGC y ahora también TGM, además de aproximadamente un millar aún no graduados. El concepto que me guía no es la nostalgia; de hecho, la nostalgia es el último de los elementos.
En mi colección entran títulos pertenecientes a cada plataforma que haya marcado una época – no solo para mí, sino para la cultura popular.
I los juegos de NES y de SEGA, aunque no los viví directamente, los hice míos con el tiempo, con estudio y pasión, porque coleccionar, para mí, es прежде de todo un acto cultural.
No es solo archivo sino identidad, es memoria compartida, es una lente a través de la cual podemos leer la evolución de nuestro imaginario colectivo. El videojuego es un hito en el desarrollo de la cultura contemporánea. No solo cuenta quiénes éramos y quiénes somos, sino que contribuye a delinear quiénes seremos, en un maravilloso viaje evolutivo que mezcla tecnología, industria, arte y pensamiento.
Al graduar tu título, has hecho una elección importante y a partir de ahora se ha convertido en algo más, no solo como valor de colección. ¿Cómo conociste el mundo del grading? ¿Ya has tenido experiencias similares con otras de tus colecciones, incluso distintas de las de videojuegos?
Soy coleccionista de arte contemporáneo desde hace más de veinte años y conocí el mundo del grading en 2019, consultando los catálogos de Heritage Auctions - la tercera casa de subastas del mundo por volumen de negocios en el sector del arte y del coleccionismo.
Fu en aquel año que Heritage comenzó a proponer subastas dedicadas a los videojuegos graduados por WATA y VGA. Fue observando esa nueva categoría que capté el potencial revolucionario de este mercado emergente.
Eso fue el inicio de un cambio de paradigma: el videojuego estaba entrando en una nueva fase de legitimación, no solo como forma de entretenimiento sino como bien cultural, forma de arte y objeto de colección institucional.
El señal definitivo, para mí, fue justamente esa convergencia entre casas de subastas prestigiosas e instrumentos de certificación profesional.
È stato in quel momento che ho capito que algo había cambiado para siempre.
No me ha movido solo una lógica de inversión, sino la conciencia de que algo importante se estaba finalmente moviendo en el reconocimiento del valor del videojuego como objeto cultural y generacional. Verlo custodiado en una vitrina, cristalizado en el tiempo, ha asumido un significado profundo: es un tributo a su importancia histórica y a su impacto en la sociedad.
Sí, he tenido experiencias similares también en otros ámbitos del coleccionismo, como el de las Card y las VHS.
In todos estos mundos, la clasificación representa un punto de inflexión: una forma de preservar, certificar y dar plena dignidad a lo que cuenta quiénes somos como sociedad y de una manera que nos pertenece directamente.
¿Cuáles han sido los motivos principales por los que quisiste graduar el título que nos trajiste? Más allá de los aspectos nostálgicos ligados al juego, ¿hay otras motivaciones detrás de la elección de confiarte al procedimiento de grading de TGM?
La elección de confiarme a TGM fue bien meditada. En TGM encontré, ante todo, un interlocutor atento, apasionado y perfectamente consciente del papel cultural que el videojuego está asumiendo. En otras palabras —o quizá en palabras más directas— encontré a alguien que comparte mi misma visión.
He apreciado profundamente el cuidado con el que se trata cada una de las piezas, la atención filológica a los detalles, la transparencia y la voluntad concreta de establecer un diálogo con la comunidad.
Todos elementos que reflejan plenamente mi enfoque del coleccionismo.
Ma no habría sido suficiente, si no hubiera percibido la solidez y la clara dirección del proyecto: TGM no se limita a certificar, sino que aspira a crecer, afirmarse y conquistar un espacio creíble en el mercado y ante las instituciones culturales. El hecho de que quiera presentarse como socio de museos, eventos y casas de subastas europeas representa, para mí, el giro decisivo. Ha sido հենց este horizonte el que me ha convencido, sin dudarlo, de que mis juegos debían entrar - además de en las vitrinas WATA, VGA y CGC - también en las vitrinas TGM.
Cada juego tiene su historia, así como su propietario; el vínculo que se establece va mucho más allá del simple binomio propietario-objeto. Cuando te fue devuelto finalmente clasificado el título, ¿qué sentiste?
Domanda que merece una respuesta no superficial.
Definiría ese momento como la culminación de un recorrido: investigación, selección, cuidado, protección.
Es como ver un fragmento de la cultura popular - que durante años ha sido tratado con superficialidad - finalmente adquirir la dignidad que merece, encerrado en una vitrina que no lo separa del mundo, sino que lo coloca en el lugar correcto, le da voz.
Provo orgullo, porque una pequeña parte del mérito también es mía y no me importa que sean los demás quienes me lo reconozcan, me basta esa sensación de gratificación personal que me da ser consciente de haber contribuido a la cristalización de un fragmento de nuestra historia.
Para concluir, no podemos sino hacerte la pregunta ritual por excelencia: ¿cuáles han sido los aspectos de nuestro servicio que más te han gustado? ¡Gracias no solo por habernos dedicado tu tiempo, sino también por haber elegido depositar en nosotros tu confianza!
Lo que más me ha impresionado es la pasión auténtica que ponéis en vuestro trabajo, el cuidado por cada detalle, la profesionalidad y la competencia que transmitís en cada fase del proceso.
La vuestra experiencia de una década en el mundo de los videojuegos se percibe claramente, así como la voluntad de construir algo sólido y valioso para la comunidad de coleccionistas. No quiero detenerme demasiado en la rapidez del servicio —que de todos modos la hubo— porque para mí nunca ha sido la velocidad la que marca la diferencia, sino la calidad.
Y la calidad, en ustedes, es evidente.
De la transparencia a la comunicación, de la precisión en el grading a la visión que ustedes llevan adelante.
La atención al detalle es quizá el aspecto que realmente me ha impresionado más que todo.
Grandes chicos, de verdad. Seguid así.