L'universo de los videojuegos es un cielo estrellado que podemos admirar cada noche, apoyados en la ventana de los recuerdos como nuevos Galileos y sin telescopio, o al menos yo no dispongo de uno, pero con la mirada que sabe llegar lejos, a través de los ríos del tiempo y del espacio.
Spacio entendido no como inmenso escenario para la secuela de Interstellar de Nolan, en este caso, sino como estante donde guardar nuestras amadas consolas: muchas han sido las máquinas maravillosas de nuestra infancia que han cambiado el rumbo del mundo videolúdico en la época en que vieron la luz, начиная desde el Spectrum y el Commodore 64 hasta llegar a la Nintendo Switch, con su hibridación perfectamente lograda entre consola portátil y doméstica.
Hablar de Dreamcast y reflexionar sobre su historia, cuanto menos, convulsa, sin embargo, no tendría sentido sin mencionar a su verdugo, aquella que decretó su fin sin piedad y que responde al nombre de Playstation, más precisamente la segunda versión de la casa Sony, pero pongamos un poco de orden.
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Qualche apunte histórico: Dreamcast desembarcó en Europa a finales de los años noventa: corría el lejano 1999 y, aunque en Japón ya estaba presente desde hacía un par de años, la nueva consola de Sega tuvo que luchar no solo con la feroz competencia, sino también con las dificultades financieras que afectaron y finalmente llevaron al cierre a la histórica casa de producción, al menos tal como la conocíamos entonces.
Pocos títulos en el lanzamiento y, en general, durante su vida en las estanterías, anularon los resultados obtenidos con las ventas iniciales, mucho más que alentadoras, hasta su muerte comercial.
Shenmue y Soul Calibur son solo dos de los títulos estupendos que Dreamcast regaló a sus entusiastas, y si consideramos que fue la primera consola en tener un módem integrado para permitir el juego en red, es posible hacerse una idea de lo vanguardista que fue en realidad, un verdadero sueño, adelantado a las tendencias futuras, donde mundos en línea en continua evolución como Fortnite, League of Legends o Valorant están a la orden del día con la nueva joven legión de jugadores.
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Independientemente de la voluntad de sus creadores, que le dedicaron corazón, alma y sudor para darle vida, la Dreamcast se ha convertido injustamente en sinónimo de inacabado, algo que ha sido eclipsado por un gigante mejor publicitado y construido para ganar en todos los frentes, el símbolo eterno del fracaso, sin deshonra y con pocos elogios.
No es así.
Io creo que la Dreamcast merezca no solo ser redescubierta y disfrutada por los jugadores de entonces como por los de hoy, sino también ser colocada justamente ahí, en ese espacio del que hablábamos al principio, junto a las máquinas de los sueños, nuestros sueños, que todavía hoy son recordadas con cariño y, por qué no, el respeto que se debe a quien ha hecho escuela para las generaciones futuras, que quizá no le deben todo pero sí mucho, aunque permanezca detrás del telón.
Simon Larocca
Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.
Simon Larocca
Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.
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