Avete presente la escena icónica
inicial de Indiana Jones, aquella en la que nuestro Indy debe robar el ídolo
de oro en Perú y realiza el intercambio con la bolsa, dando origen
al inevitable derrumbe del templo? Pues bien, sustituid a Harrison Ford por mi
bellísima cara con gafas y el ídolo de oro por la Amiga, solo entonces entenderéis lo que habría estado dispuesto a hacer con tal
de tener una Amiga en casa durante mis años juveniles!
Corrian rugientes los años noventa, los 883 llenaban los altavoces de los radiocasetes de hombro y en las salas de juegos triunfaban los retos en las máquinas recreativas de Street
Fighter II y la carrera por la mejor puntuación de BombJack: recuerdo bien aquellas fabulosas veladas a base de patatas Più
Gusto y risas en casa del elegido, Andrea, el único orgulloso poseedor del Amiga 500, el ordenador personal de Commodore que nos hacía soñar a todos.
Qualche cenno storico: la serie
de ordenadores Amiga comenzó en el 1985 y
durante casi diez años, con sus varios modelos cada vez más potentes y
innovadores, constituyó junto con el NES
de Nintendo la única verdadera alternativa a las máquinas tragaperras
de salón de las salas recreativas de todo el mundo, sobre todo en Italia, donde
el entusiasmo por el ordenador doméstico generó movimientos e inspiró a
programadores de videojuegos en ciernes, como el maravilloso juego de lucha made in
Italy Fightin’ Spirit, desarrollado por
Dynamic Style y que os recomiendo
recuperar.
Si habláis con cualquiera que haya tenido alguna vez
un Amiga, lo primero que os dirá de esta máquina portentosa es su
potencia de audio: con su sistema operativo integrado AmigaOs, el uso
masivo de los disquetes para juegos y aplicaciones y su peculiar chip,
capaz de gestionar con un rendimiento increíble la sagrada trinidad
gráfica-animación-sonido, ¡el Amiga sabía infundir a sus títulos un apartado
técnico de primer nivel!
PSSSTT ¡Mira el episodio de nuestros amigos de Games Collection sobre el mejor ranking de títulos Amiga! ¡Será tiempo bien aprovechado ;)
La banda sonora electrizante
de títulos como Bad Dudes vs Dragon Ninja
(¡una obra maestra absoluta!) o las músicas envolventes de The Chaos Engine aún resuenan en los oídos de todos aquellos que
pasaron tardes enteras perdiéndose entre los brazos de su mejor
Amiga de siempre: más allá del horrible juego de palabras, Jay Miner, creador del proyecto Amiga, hizo realidad los sueños de los
videojugadores de la época, dando una forma comercialmente viable y competitiva
a una idea, a la vez revolucionaria y respetuosa con sus predecesoras.
Amiga logró la feliz y rara conjunción
entre videojuegos y aplicaciones profesionales, uniendo el placer del juego
al enfoque laboral: esto porque nacía principalmente como ordenador personal, y aunque todos sabemos que entre la redacción de un archivo de texto
contable y otro la gente se tomaba media hora de descanso para dar unos toques
al balón poniendo Kick Off de
Dino Dini, era bonito poder trabajar y jugar con la Amiga, ¿verdad?
Quando en 1994 el Amiga terminó
su existencia comercial, siguiendo el inevitable colapso de Commodore ya
anunciado en los años anteriores con el fracaso parcial de la consola Amiga CD32 (un experimento valiente,
pero totalmente fuera de mercado en un contexto donde Sega Mega Drive y Super
Nintendo gigantescamente dominaban sin rival), ocurrió algo inesperado,
melancólico y bellísimo al mismo tiempo: moría el sueño, pero nacía el
mito.
Con el auge de internet, de los
foros y de los sitios dedicados, lo que hoy definiríamos como fandom se reunió para celebrar la gloria de la Amiga, entablando
discusiones y retomando los títulos que la habían hecho famosa: como si no
bastara, grupos de entusiastas nostálgicos todavía hoy programan y
publican videojuegos para Amiga, desde los shooters hasta los juegos de rol, una
manifestación de afecto eterna para una máquina inolvidable, destinada a
hacer latir nuestros corazones de píxeles
para siempre.
Simon Larocca
Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.
Simon Larocca
Mi chiamo Simon Larocca, e sono un videogiocatore, collezionista e amante della cultura pop in tutte le sue forme. Vado al cinema ogni volta che posso, leggo da quando porto gli occhiali, quindi da sempre, e ho la passione per lo storytelling in tutte le sue forme, così dirompente da farla diventare una professione. Ma come direbbe Doc di Ritorno al Futuro, non ci sarebbe presente se non si guardasse al passato con rispetto e ammirazione, ed è il Simon bambino di più di trent’anni fa, anno più anno meno.
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