El coleccionismo hoy en día también se ha convertido en una forma de inversión.
Bisogna hacer las cuentas con esta verdad, un supuesto de muchas facetas y que ve el Grading como uno de los recursos del futuro, pero ya difundidos en nuestro presente. Para introducir un discurso tan articulado, es mejor partir de las bases para comprender plenamente de qué estamos hablando: en pocas palabras, hacer grading significa tomar un producto, por ejemplo un objeto de colección como una rara carta de Pokemon, enviarlo a una empresa especializada que define su valor y su estado actual a nivel de integridad física.
Una vez realizado este proceso de verificación, el objeto será embalado en una vitrina, garantizando “oficialmente” el estado de conservación verificado previamente.
A día de hoy, los principales players del sector son en su mayoría estadounidenses: Wata, para quienes frecuentan la red, representa por el momento una de las mayores realidades en el grading internacional. La siguiente pregunta que uno se plantea, dado que somos gamers de toda la vida y el tema nos toca de cerca, es entonces inevitable: ¿cómo funciona el proceso de grading en lo que respecta al videojuego?
È presto dicho: el coleccionista envía (casi siempre al otro lado del océano) el juego que quiere “graduar” a una empresa que ofrece el servicio la cual, una vez recibido el objeto y en base a procedimientos internos de codificación, comunica al cliente si el producto en cuestión puede ser graduado o no. Si el objeto supera las verificaciones, en ese momento se coloca literalmente bajo vitrina, se le asigna una calificación en función del estado de conservación y, por último, se devuelve graduado a su legítimo propietario.
L’idea alla base del grading, dunque, è quella de proteger el valor del producto y garantizar su originalidad, no cabe duda, y gracias a las tecnologías modernas se puede actuar prácticamente sin tocar, véase la voz “abrir la caja”, el título en cuestión, que como sabemos bien equivale a un sacrilegio en toda regla. Pero no es el único elemento, el de la integridad de la caja, que se evalúa: la presencia o ausencia del manual y su estado es un factor determinante, así como lo es el de la cartucho en su interior. Parámetros imprescindibles que contribuyen a la valoración final, como habréis entendido.
A honor de la verdad, el grading se aplica no solo a los títulos nuevos sino también a los juegos abiertos, siempre completos en todas sus partes (cartucho o disco que sea, mapas, manuales, material extra si se trata de una limited edition). El grading está muy difundido en los Estados Unidos desde hace más de veinte años y en Japón, tierra natal del videojuego por antonomasia, se convirtió en una práctica común a comienzos del siglo veintiuno, cuando el concepto de preservación empezó a convertirse en sinónimo de valor creciente con el tiempo. Los campos en los que se dieron los primeros pasos fueron el del cómic y la numismática, pero muy pronto hubo una difusión considerable en otros sectores, sobre todo en los deportivos.
Da hace aproximadamente una década, también está ganando terreno entre nosotros en Europa, con la llegada de las subastas millonarias que han pasado a la historia cartas Pokémon, y no solo, rematadas a precios elevadísimos: a día de hoy, el primer mercado de grading en el mundo y que hoy es el estándar en cuanto a graduación es precisamente el vinculado a los simpáticos monstruitos nacidos en GameBoy.
Molts col·leccionistes i clients, recentment, han començat a demanar procediments de grading a les botigues especialitzades. Amb l'amenaça constant de contraefacció, falsificacions i reimpressions de títols venudes astutament com a noves, el grading apareix com una de les possibles respostes oficials per infondre més valor als jocs originals i en condicions perfectes.
Y sobre todo contribuir significativamente a la tutela de la memoria histórica de los videojuegos, en una época en la que lo físico está poco a poco dejando paso a lo digital.